ABANDONAR LOS PROPIOS PUNTOS DE VISTA

El maestro Dogen escribe en el Shin Jin Gakudo: «La naturaleza de Buda es inherente a cada ser, pero si no se practica la Vía, su luminosidad natural no se manifiesta.»

¿Qué es la naturaleza de Buda?  Es nuestra propia naturaleza, lo que somos realmente, nuestro origen.  Pero debido a nuestra ignorancia, no hacemos otra cosa que enturbiar con nuestro karma el agua de por sí clara y transparente de nuestro ser esencial.  Nuestra mente ignorante empuja continuamente el cuerpo de acá para allá, siempre tras la satisfacción de los innumerables deseos  y esto nos impide ver el fondo de nosotros mismos.  Por eso necesitamos practicar la Vía.

Practicar la Vía significa transformar la mente y el cuerpo, clarificarlos.  Esto es como posar el agua turbia de un estanque.  Poco a poco se va volviendo clara y transparente y nuestra luminosidad natural aparece.

También podemos compararlo con una luna llena flotando eternamente en el cielo de la vacuidad.  La luna llena es nuestro verdadero «sí mismo», nuestra auténtica naturaleza.  Sin embargo la luna, a menudo se halla oculta tras espesas nubes que nos impiden verla con objetividad.

La práctica de la Vía del Zen no consiste en esforzarnos con el fin de conseguir algo que no se posee, sino que se trata más bien de despojarnos, de liberarnos, de abandonar aquello que nos impide ver lo que ya somos.  Por eso se habla de «la nube de la ignorancia.»
Esta ignorancia no forma parte esencial de nuestro verdadero «sí mismo», la ignorancia, igual que las nubes, son fenómenos provocados por una serie de circunstancias,  por un karma determinado.  Por eso, no os aferréis a vuestros puntos de vista estrechos y limitados, no penséis que vuestros juicios son la verdad absoluta, que aquello que deseáis o rechazáis, es digno de deseo o de rechazo.  Lo único importante es estudiar y recibir la enseñanza de los Budas y Patriarcas, y aceptarla totalmente aunque ello implique la transformación de nuestros queridos puntos de vista.  Unicamente de esta forma, podréis aclarar vuestra mente, siguiendo simplemente el camino y la práctica que nos han sido transmitidos.

Dogen Zenji dice: «Debéis continuar con perseverancia, respirando por la nariz del Buda, comprendiendo la pezuña del asno.»

Respirar por la nariz del Buda significa que vosotros mismos sois Buda, que es Buda quien respira por vuestra nariz.  Debemos fundir nuestra respiración con la respiración del Buda.

La pezuña del asno no es la huella.  Un dicho zen dice: «No sigas las huellas de los antiguos, busca más bien lo que ellos buscaron.» Esto quiere decir que no debemos imitar ciegamente a los antiguos, sino que debemos comprender la razón por la cual actuaron de esa u otra manera.  Sólo así podremos penetrar el sentido profundo de su práctica.  Comprendiendo de este modo, podremos practicarla y nuestra naturaleza de Buda se manifestará en nosotros mismos igual que se manifestó en ellos.  Este es la única manera de recibir el Sello de la Transmisión.

Respirar por la nariz de Buda es lo más importante, esto significa no establecer ninguna diferencia entre Buda y nosotros.  Sólo cuando se respira por la nariz de Buda, se comprende la pezuña del asno.  La enseñanza ha de ser comprendida en su sentido original y no a través de nuestras categorías personales.  Si queremos recibir el Dharma del Buda, es necesario abandonar todas nuestras apreciaciones o estimaciones, ya que de otra forma no sería posible.

Todo se transforma continuamente.  Yo explico de manera exacta el comportamiento en el dojo, la manera de utilizar el kyosaku, el modo de darlo, de recibirlo.  Pero luego cada uno entiende a través de sus puntos de vista, con lo que se establece una diferencia. Cada responsable tiene una forma particular de utilizar el kyosaku, de hacer la ceremonia, y esto sólo en el transcurso de cinco años.  Siguiendo con la misma dinámica, dentro de 500 años no quedaría ni rastro de la enseñanza del Buda.

Por eso, yo os lo ruego, practicad exactamente sin tener en cuenta el «yo» ni «lo mío», entregaos a la práctica y al estudio como quien se lanza a una piscina en medio de un bosque en llamas.  Olvidad totalmente vuestros límites, de esta manera la luz natural de vuestra Naturaleza de Buda se manifestará automáticamente.

Enseñanza impartida por el maestro Doksuhô Villalba Roshi el  17 de Agosto de 1987

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