33. Aferrarse [a la Vía] hace que se pierda el rumbo

Poema [1]De la obra Xìn Xīn Míng Canto al Corazón de la Confianza,
del tercer ancestro chan Jianzhi Sengcan.
Traducción y comentarios de Dokushô Villalba.
Ediciones i, 2008.

執 之 失 度

必 入 邪 路

Aferrarse [a la Vía] hace que se pierda el rumbo,

e inevitablemente se llega a un callejón sin salida.

Comentario

En los practicantes de la Vía, y de cualquier camino espiritual, existe el peligro de caer en el extremismo al apegarnos a las enseñanzas, literalmente, ciegamente. La tradición Zen se ha cuidado mucho de no caer en esta trampa y son numerosas las historias de maestros zen que utilizan el humor y la simplicidad para contrarrestar este peligro. El maestro Joshu, Zhaozhou Congshen (778-897), hace gala de esta simplicidad en la siguiente historia:

En cierta ocasión, un estudiante se acercó al maestro Joshu y le preguntó: “Maestro, ¿puedes enseñarme el Zen?” El maestro Joshu, un hombre de pocas palabras, respondió con otra pregunta: “¿Has comido tu arroz?” El estudiante, desconcertado por la respuesta, dijo: “Sí, lo he hecho”. A lo que Joshu respondió: “Entonces, lava tu cuenco”.

La Vía no se puede atrapar a través de las palabras o conceptos abstractos, va más allá de las explicaciones intelectuales. En cambio, se encuentra fácilmente en la práctica directa, cotidiana, en la experiencia del aquí y ahora. La pregunta del maestro Joshu es un recordatorio de que la sabiduría se encuentra en actos simples y cotidianos, en la totalidad de la experiencia de cada momento. Una sabiduría que solo se puede alcanzar a través de la práctica y la experiencia personal libres del apego.

Por tanto, este poema nos recuerda la importancia de soltar todos nuestros apegos. Cuando nos aferramos a algo, nos estamos creando una barrera, una frontera ilusoria entre nosotros y la realidad. Despertar es darnos cuenta de ello a cada momento y experimentar la realidad como un todo indivisible en la que no hay separación entre el observador y lo observado y, por tanto, que todo apego es un indicador de que nos encontramos en medio de una alucinación ilusoria.

En la sociedad actual, estamos rodeados de objetos materiales que constantemente nos atraen y cautivan. Desde nuestros teléfonos móviles hasta nuestros coches, ropa de marca y todo tipo de dispositivos electrónicos, estos objetos se han convertido en una parte integral de nuestras vidas. Este apego a los objetos materiales puede tener un profundo impacto en nuestro bienestar físico y mental, esto se manifiesta especialmente durante la práctica de la meditación. A más apego, mayor dolor y sufrimiento en nuestra vida cotidiana y durante nuestra práctica.

Podemos apegarnos a objetos materiales, pero también a puntos de vista o a actitudes emocionales, sea como sea cuanto mayor es el apego mayor es la tensión muscular que se manifiesta en nuestro cuerpo. Cuando estamos preocupados, nuestros músculos están en tensión constante. La práctica del zen no causa este dolor, zazen nos ayuda a tomar conciencia de esa tensión que llevamos inconscientemente con nosotros a todas partes en todo momento. Cuando sentimos que nos duelen las piernas, la espalda, el pecho… en cada cual, dependiendo de sus aferramientos, el dolor se manifiesta en una zona u otra. No es debido a la postura de meditación exclusivamente, sino que en buena medida lo es también a nuestra tensión muscular que ya ha pasado a formar parte de nuestra cotidianidad y pasamos completamente desapercibida. Tomar conciencia de ello es el primer paso a la sanación, a salir del callejón sin salida, es el camino que algunos seguimos durante el resto de nuestra vida.

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1 De la obra Xìn Xīn Míng Canto al Corazón de la Confianza,
del tercer ancestro chan Jianzhi Sengcan.
Traducción y comentarios de Dokushô Villalba.
Ediciones i, 2008.

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