57. No hay nada que no fluya

Versos [1]De la obra Xìn Xīn Míng Canto al Corazón de la Confianza,
del tercer ancestro chan Jianzhi Sengcan.
Traducción y comentarios de Dokushô Villalba.
Ediciones i, 2008.

一 切 不 留

無 可 記 憶

No hay nada que no fluya,

no hay nada que permanezca en la memoria.

Comentario.

En el corazón de las enseñanzas del Buddha sobre la ecuanimidad yace la idea de que todas las experiencias son impermanentes y, por lo tanto, sujetas al cambio, es decir, «no hay nada que no fluya». La ecuanimidad no implica indiferencia o falta de emoción, sino una mente serena, unificada y equilibrada que no se deja arrastrar por las fluctuaciones de la vida. Es la capacidad de mantener la calma tanto en los momentos de felicidad como en los de adversidad, sin aferrarse a las emociones positivas ni rechazar las negativas. En la práctica de la meditación zen unificamos nuestra mente con el objeto primario de atención, esta práctica genera naturalmente ecuanimidad.

Una de las historias más conocidas en nuestra tradición que ilustra la ecuanimidad es la del Cuenco de Mostaza:

Una vez, una mujer afligida por la muerte de su hijo fue en busca de Buddha para pedirle que resucitara al niño. Buddha, con compasión, le dijo que le trajera un puñado de mostaza de una casa donde no hubiera fallecido nadie y devolvería a la vida a su hijo. Después de buscar en vano, la mujer finalmente comprendió que la muerte es una parte inevitable de la vida, y al aceptar esta verdad, encontró consuelo en su dolor.

La ecuanimidad es una cualidad que cultivamos con la práctica y la dedicación necesaria, «práctica perseverante». Viviendo desde la ecuanimidad, podemos enfrentar los altibajos de la vida con una gran fortaleza interior. Al igual que la mujer en la historia del Cuenco de Mostaza, podemos encontrar una fuente de sabiduría profunda al aceptar la realidad tal como es.

El segundo verso nos recuerda que nuestra memoria es menos confiable de lo que creemos. Los recuerdos son fácilmente distorsionados, fragmentados e influenciados por emociones, sugerencias externas y el paso del tiempo. Reconocer esta fragilidad nos lleva a cuestionar nuestra percepción y a adoptar una actitud más crítica hacia nuestra propia percepción de la realidad. Pero aunque nuestra memoria pueda ser poco fiable, sigue siendo una parte importante de nuestra experiencia humana, proporcionándonos un sentido de identidad y continuidad en nuestras vidas. Esto no tiene nada de malo siempre y cuando no perdamos de vista que es una ilusión y que, por tanto, no debemos apegarnos a ello ciegamente. Al fin y al cabo, despertarnos es el fin de todas nuestras fabricaciones ilusorias.

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1 De la obra Xìn Xīn Míng Canto al Corazón de la Confianza,
del tercer ancestro chan Jianzhi Sengcan.
Traducción y comentarios de Dokushô Villalba.
Ediciones i, 2008.

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