La realización del Gran Despertar no es difícil

Portada del libro Xin Xin Ming de Daizan Soriano

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La realización del Gran Despertar no es difícil, tan solo evita el apego y el rechazo.

¿Qué es el Gran Despertar? El maestro Dogen Zenji escribió: «Los ojos son horizontales, la nariz vertical». Aquí y ahora, justo bajo tus pies lo tienes disponible. Para acceder tan solo tienes que desprenderte del yo y lo mío, shin jin datsu raku, en palabras de Dogen Zenji. Necesitamos desprendernos de nuestra percepción ilusoria y aprender a percibir más allá de todo condicionamiento, más allá de los conceptos y de las palabras con las que describimos y recreamos el mundo instante tras instante.

¿Cómo acceder a esta percepción no condicionada por los constructos mentales? El segundo verso no deja lugar a dudas, «Tan solo evita el apego y el rechazo». Si me observo atentamente tomo conciencia de que el movimiento interno de atracción y rechazo se produce automáticamente. Rechazo lo que juzgo desagradable y me apego a lo que considero agradable. Se puede manifestar en un diálogo interno del tipo: «Tengo sobrepeso… Qué comida tan apetitosa… Soy un ignorante… tengo que leer más…».

Nos perdemos fácilmente en un mar de elecciones, tomando partido continuamente, inconscientemente, con el piloto automático en marcha, dirigido por nuestros condicionamientos socioculturales y personales. ¿Cómo salir de este círculo vicioso? En primer lugar, siendo consciente de ello, aplicando la atención adecuada. Como dijo Ortega Y Gasset «No sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa». O como suele parafrasear el maestro Dokushō Villalba «lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa, por eso nos pasa lo que nos pasa…». Tomar conciencia de qué es lo que está pasando nos conduce hacia la percepción de las cosas tal cual son, más allá de nuestra visión ilusoria habitual.

La Realidad es lo que es, más allá de que nos resulte agradable o desagradable. Las cosas son lo que son, pero las palabras y conceptos nos hacen vivir en un espejismo continuo. Esta Realidad no la podemos atrapar con la mente, con las palabras, con las ideas. Solo tendremos acceso a ella, no tomando partido ni por ni contra. Esa actitud surge naturalmente a través de la práctica correcta de zazen.

Cuando no aparece el apego ni el rechazo, todo manifiesta su naturaleza luminosa.

Continuamente nos aferramos a lo que deseamos («apego»), y rechazamos lo que nos resulta desagradable sin ser conscientes de ello. Nuestra práctica consiste en observar, acechar y ver directamente cómo se manifiesta esta atracción y rechazo en nuestra práctica y en nuestra vida cotidiana, en qué forma y detalles concretos, en nuestras circunstancias vitales.

La práctica de la atención plena nos permite observar este proceso con todo detalle y nos da la oportunidad de experimentar plenamente de qué manera se expresa en nuestra existencia. Una vez observado, vivenciado e integrado completamente, la naturaleza luminosa de todo lo que nos rodea se hace evidente, como el paso de la pierna derecha sigue al de la izquierda.

Gracias a la ecuanimidad que nos proporciona la práctica de zazen, la polarización amor-odio, apego-rechazo y cualquier otra dicotomía se disuelve. Desde este estado de apertura ecuánime podemos experimentar las cosas tal cual son para que la naturaleza luminosa de la realidad surja naturalmente. Para ello debemos adoptar una aptitud de apertura, sin tomar partido ni por ni contra, aceptando incondicionalmente cualquier contenido que esté surgiendo en nuestro campo de experiencia.

Como dijo el maestro Eihei Dogen:

Tened abiertas las manos y toda la arena del desierto pasará por ellas.

Cerradlas y solo conseguiréis unos pocos granos de arena.

Si aparece la más mínima diferencia, cielo y tierra quedan separados por un abismo.

Un abismo es una «realidad inmaterial inmensa, insondable o incomprensible3». En el estado ordinario de percepción ilusoria no podemos ni imaginar el despertar, ni siquiera podemos intuir qué puede haber al otro lado del abismo, cualquier tipo de idea al respecto es una ilusión.

En el budismo distinguimos dos verdades, la de la realidad condicionada y la incondicionada. Desde la verdad del despertar, es posible integrar sin paradoja alguna estas dos verdades, pero desde la orilla de la percepción dualista, un abismo nos separa de la experiencia de la realidad incondicionada.

¿Cómo experimentar la verdad incondicionada? A través de la práctica perseverante. El Buda nunca describió el nirvana, porque en cuanto lo conceptualizas, en cuanto utilizas el lenguaje, eso ya no es. Todo intento de comprensión a través de las estructuras del lenguaje nos aleja de la experiencia del despertar.

La realidad es como es más allá de los conceptos y las ideas que nos hacemos de ella. Cuando percibimos la realidad desde el intelecto, estamos utilizando el lenguaje y, por tanto, «creamos … diferencias». Esto quiere decir que no podemos tratar de aprehender la realidad a través de los conceptos, es inútil intentar atrapar con la mente lo que está más allá de cualquier concepto. El Tao Te King empieza con la frase «El Tao que puede ser expresado no es el verdadero Tao». La realidad es no-dos, indivisible. El budismo Mahayana afirma que samsara y nirvana son no dos, esta realidad tal cual es, ya es el nirvana, pero solo la mente que ha realizado el despertar puede comprenderlo más allá de toda conceptualización.

Si deseas ver la verdad ante ti, no tomes partido a favor ni en contra de nada.

La mente sin cultivar se asemeja a un jardín descuidado, lleno de malas hierbas, o a un mono, saltando de un lado a otro sin parar, discriminando de manera continua y automática, atrapada entre del apego, el rechazo y la indiferencia a lo que valoramos como agradable, desagradable o neutro. Esta situación nos impide ver la realidad tal cual es, más allá de nuestra mente condicionada.

Durante zazen, nuestra actitud debe ser similar a la de alguien sentado a la orilla de un río, dejando que el agua fluya sin intentar retener nada, sin tomar partido ni a favor ni en contra. La vida es fluidez; aferrarse o rechazar nos sumerge en un estado de guerra interna que nos causa un sufrimiento ilusorio e innecesario. En la Vía del Buda evitamos tomar partido a favor o contra absolutamente nada durante la meditación sedente. Esta actitud permite que la sabiduría de nuestra naturaleza original se manifieste naturalmente, sin obstáculo.

Para que la Totalidad se manifieste ante los ojos de la intuición, es necesario ir más allá de nuestra mente discursiva ordinaria y cultivar una actitud de aceptación y apertura incondicional.

En la tradición Zen decimos:

«Si te gusta, las cosas son como son; si no te gusta, las cosas son como son».

Cultivar una aceptación incondicional permite que gradualmente la Vía se clarifique naturalmente.

El conflicto entre lo que aceptas y lo que rechazas enferma el corazón y la mente.

Cuando nos sentimos divididos, inmersos en un conflicto interno continuo de tomar partido por o contra, experimentamos un desgaste gradual que desemboca en la enfermedad del corazón y la mente. Esta enfermedad es una manifestación de la falta de conexión con nuestra autenticidad más profunda. En esta lucha perpetua entre los opuestos, perdemos el contacto con nuestra verdadera naturaleza original, lo cual nos hace caer en un estado interno de carencia continuo, algo nos falta y no sabemos lo que es.

¿Cuál es el camino hacia la sanación de este estado? La respuesta reside en reconectar con nuestra auténtica naturaleza original, donde la bondad, la compasión, la alegría y la ecuanimidad se manifiestan de manera natural. Cuando depositamos nuestra confianza serena en la práctica de la Vía, nuestra vida cotidiana se impregna de esta sabiduría innata. Para ello, la actitud adecuada es abstenernos de tomar partido entre los opuestos, cesar de emitir juicios, y simplemente, como un espejo impecable que refleja todo, observar lo que se manifiesta ante nosotros, sin rechazar ni apegarnos siquiera al apego y el rechazo.

Cuando tomamos conciencia de esta lucha entre los opuestos, cesamos en ella, dejamos de alimentar la enfermedad, y la sanación surge de forma espontánea, sin la necesidad de ninguna intención por nuestra parte. Regresamos al estado de equilibrio, plenamente conscientes y despiertos.