No te aferres a puntos de vista dualistas

Portada del libro Xin Xin Ming de Daizan Soriano

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No te aferres a puntos de vista dualistas, actúa con cuidado y no los persigas.

Las dicotomías son la base de nuestra percepción automática de la realidad. Inconscientemente, necesitamos identificarnos con uno de los extremos para autoconvencernos de que el constructo que llamamos «Yo» es real. La tradición budista nos enseña que el ego es un constructo mental imaginario. El «Yo y lo mío» son necesarios para desenvolvernos en nuestra vida cotidiana, pero al fin y al cabo son una construcción carente de realidad intrínseca. Ello provoca un sentimiento de carencia, de sed de existencia, que nos acompaña continuamente, seamos conscientes de ello o no.

Una de las estrategias inconscientes que utilizamos para evitar el sentimiento de vacío provocado por este falso «Yo» es apegarnos a uno de los extremos en los que escindimos la realidad. Este apego nos da una falsa sensación de Ser, la cual nos provoca una gran cantidad de problemas asociados a esta identificación. Ya que se convierte en algo tan fundamental para nosotros que, mantenernos aferrados a ello, lo llegamos a considerar una cuestión de vida o muerte. Efectivamente, es la vida o la muerte de un ente imaginario que hemos creado, que mantenemos vivo en nuestra imaginación y que creemos ser.

El despertar es el fin de las imaginaciones que nos hacemos sobre la realidad, el fin de lo que creemos ser para ser lo que realmente somos. Nuestra verdadera naturaleza está aquí y ahora en cada instante, esperando a ser actualizado a través de la toma de conciencia de este proceso para aprender a liberarnos de estos apegos inútiles, insatisfactorios y dañinos.

Por tanto, «actúa con cuidado y no los persigas». Es decir, tomar conciencia de a qué te estás aferrando y deja caer todos los apegos a los que te identificas irracionalmente, ser honesto y soltar todo aquello que no te aporte paz y felicidad a ti mismo y a todos los seres que te rodean.

Apenas surge el juicio de correcto e incorrecto mente y corazón se pierden en la confusión.

¿Correcto, incorrecto? ¿Quién sabe las vueltas que da la vida? En vez de aferrarnos al juicio, es más apropiado desarrollar una actitud de aceptación. Si te gusta, las cosas son como son; si no te gusta, las cosas son como son. Nos pasamos la vida enjuiciando, atrapados en una corriente incesante de opiniones y evaluaciones, lo que nos desconecta de nuestro corazón, de nuestra verdadera mente, de lo que realmente somos. Así nos sumimos en la confusión.

Sin embargo, en la vida cotidiana es inevitable elegir. En cada momento tomamos decisiones, grandes o pequeñas, que dan forma a nuestro camino. Lo que la práctica nos proporciona no es una evasión de la responsabilidad, sino la claridad y la sabiduría necesarias para elegir con mayor lucidez, sin quedar atrapados en el miedo, el apego o la confusión.

¿Cómo salir de este callejón sin salida? A través de la visión despierta que surge con la práctica de zazen. Al cultivar la bondad, la compasión, la alegría y la ecuanimidad, aprendemos a relacionarnos con la realidad de manera más natural y sabia, en armonía con cada momento. De este modo, la niebla de la ofuscación se disipa, y con ello ganamos estabilidad emocional y mental, algo esencial para conectar con nuestra bondad innata y vivir el día a día con un corazón tranquilo, en paz y libre.

Se trata de soltar la compulsión, de clasificar cada experiencia como buena o mala y, en su lugar, habitar la realidad con una apertura total. ¿Cómo se experimenta esto en la vida cotidiana? En la capacidad de recibir cada instante sin etiquetarlo, de sostener el mundo sin el filtro del «yo y lo mío», sin imponer una narrativa sobre lo que debería ser. Y cuando llegue el momento de decidir, hacerlo desde la sabiduría, con la mente despejada y el corazón en paz.

Aunque la dualidad surge de la unidad, tampoco te aferres a la unidad.

La Realidad no puede ser capturada por el lenguaje. Al utilizar el lenguaje para representar la realidad nos obliga a expresarnos en términos de unidad y dualidad. Sin una, la otra no puede existir, la verdadera unidad no se limita a negar la dualidad: la abarca y la trasciende. Si nos aferramos a la idea de unidad como opuesta a la dualidad, seguimos atrapados en una forma de pensamiento fragmentado. La verdadera comprensión no consiste en elegir entre una y otra, sino en ver que ambas son expresiones de una misma realidad.

¿Cómo podemos aplicar esto a nuestra práctica? El maestro Dogen Zenji nos ofrece una clave fundamental en el Fukanzazengi:

«Para hacer zazen conviene un espacio silencioso. Come y bebe sobriamente. Despréndete de cualquier compromiso y abandona toda preocupación. No pienses: esto está bien, esto está mal. No tomes partido ni a favor ni en contra. Detén todo movimiento de tu mente consciente. No juzgues los pensamientos que aparecen. No cultives expectativas. No tengas ningún deseo de llegar a ser Buda».

Estas palabras nos muestran que la práctica no consiste en elegir un lado, sino en dejar que la realidad se revele sin filtros ni juicios. Soltando nuestras fijaciones y no dividiendo la experiencia en bueno o malo, correcto o incorrecto, etc. Solo así podemos asentarnos en una presencia que no se aferra ni rechaza, sino que simplemente es.

Al no tomar partido «ni por ni contra», con una mente abierta y flexible, podemos experimentar la unidad dentro de la diversidad y reconocer en la diversidad la unidad esencial de todas las cosas. Lo que a simple vista parecen opuestos —bien y mal, luz y sombra, vacío y forma—  no son más que diferentes manifestaciones de la misma realidad interdependiente.

El propio Dogen, al regresar de China tras recibir la transmisión del Dharma, fue preguntado sobre qué traía consigo. En lugar de volver cargado de sutras, como era costumbre entre los monjes de su tiempo, respondió:

«He vuelto con las manos vacías, pero con una mente abierta y flexible».

Esta es la esencia de la práctica: soltar toda fijación y permitir que la realidad se manifieste tal como es. No se trata de acumular conocimientos o aferrarse a conceptos elevados, sino de dejar ir toda preconcepción y estar presentes en lo que surge momento a momento.

Cuando comprendemos esto en nuestra práctica diaria, podemos ver que la verdadera unidad no es una idea abstracta ni un estado que deba alcanzarse. Es la vida misma tal como es, aquí y ahora. En cada respiración, en cada paso, en cada interacción con otras personas y con el mundo, la unidad se expresa en la infinita diversidad de formas.

Así, sin rechazar la dualidad ni aferrarnos a la unidad, caminamos por la vía del despertar con una actitud de apertura, humildad y confianza en la naturaleza de todas las cosas.

Cuando la mente no construye, los diez mil fenómenos están libres de error.

En el budismo Mahayana, y en particular en el Sutra del Diamante, se habla de la mente unificada como un estado de conciencia en el que se alcanza la comprensión profunda de la verdadera naturaleza de la realidad. Este estado no es una abstracción filosófica, sino una experiencia directa en la que se disuelven las construcciones conceptuales y se perciben los fenómenos tal como son: interdependientes, vacíos de existencia inherente y en constante cambio. La mente unificada no es una idea que pueda captarse intelectualmente, sino una vivencia que surge cuando se trasciende la dualidad entre sujeto y objeto.

En la mente unificada, no hay una búsqueda de lo placentero ni un rechazo de lo desagradable, porque ambas tendencias surgen del apego a una idea del «yo» que se enfrenta a la realidad como si fuera algo separado de ella. En la vida cotidiana, esta ilusión de separación nos lleva al sufrimiento al crear expectativas y resistencias innecesarias. Observar cómo estas tendencias emergen y se disuelven en la práctica es parte esencial del camino.

La mente unificada es la actualización viviente de la vacuidad, tal como la enseña el Sutra del Corazón: «La forma es vacío y el vacío es forma». No significa una mente en blanco o una pasividad sin dirección, sino una claridad sin obstrucciones, como un espejo que refleja sin distorsionar. En el Shobogenzo Ikka Myoju, Dogen afirma:

«El universo entero es una perla brillante».

Esta metáfora expresa la perfección inherente de la realidad tal como es. Nada sobra, nada falta. Así como la perla refleja todo sin distorsión, la mente unificada no altera la realidad con juicios o preferencias, sino que todo lo refleja tal como es. Sentarse en la paz de zazen, dejarse caer hasta el fondo de uno mismo, es la actualización de esta enseñanza. No es un concepto, sino una vivencia que solo puede realizarse a través de la práctica continuada.

Cuando la mente está unificada, los «diez mil fenómenos» —todo lo que existe—  aparecen tal como son, sin distorsiones ni errores de interpretación. No hay juicio ni separación, solo la íntima comprensión de que la mente y los fenómenos no son dos. Este es el estado en el que el Dharma se revela en cada instante, en cada respiración, en cada sonido del viento entre los árboles.

Así, la mente unificada no es un objetivo que alcanzar en el futuro, sino la condición natural que se manifiesta cuando dejamos de resistirnos a lo que es. La práctica del budismo Soto Zen no busca fabricar un estado especial, sino disolver las obstrucciones que nos impiden ver que la Vía ya está presente en cada momento, el aquí y ahora, el eterno presente. Cada vez que nos sentamos en zazen, dejamos de resistirnos y permitimos que la mente unificada se manifieste, recordándonos que el aquí y ahora es el único momento en el que la Vía puede vivirse plenamente.

Sin error, no hay fenómenos. Sin construcciones mentales, no hay apego ni rechazo.

Los errores y las construcciones mentales no son ajenos a la existencia; más bien, la hacen posible. Son como el anverso y el reverso de una misma moneda: sin ellos, no habría fenómenos ni mente que los perciba. Sin embargo, estas construcciones surgen de la ignorancia y la ilusión, generando divisiones donde no las hay, atrapándonos en la dualidad y el conflicto.

El sufrimiento surge cuando confundimos nuestras interpretaciones con la realidad misma. Al aferrarnos a nuestras proyecciones mentales, nos perdemos en el juego de las oposiciones: correcto e incorrecto, bueno y malo, apego y rechazo. Pero si dejamos de alimentar esas construcciones erróneas, la realidad se muestra sin fisuras, sin necesidad de ser dividida en opuestos.

La práctica de zazen nos permite experimentar esta claridad directamente. No se trata de erradicar la percepción o el pensamiento, sino de reconocer su naturaleza y no quedar atrapados en ellos. En lugar de eliminar todas las construcciones mentales, aprendemos a verlas por lo que son, liberándonos de aquellas que nos ciegan y cultivando una mente abierta, serena y compasiva.

Cuando la mente deja de proyectar sus distorsiones, los fenómenos no se presentan como separados ni en conflicto. La realidad es una, indivisible, pero es nuestra percepción errónea la que genera la ilusión de lo múltiple y fragmentado. Ver con claridad es liberarnos de esa distorsión y, en esa liberación, ser uno con nuestra naturaleza original.