Si deseas ver la verdad ante ti, no tomes partido a favor ni en contra de nada.
En nuestra vida cotidiana, estamos inmersos en un flujo constante de estímulos, eventos, emociones y pensamientos, lo que en budismo se llama «fenómenos» o «dharmas». Estos fenómenos son cambiantes, transitorios y carecen de esencia fija. Sin embargo, la mente condicionada tiende a aferrarse a ellos, a verlos como algo concreto y estable. Este apego a los fenómenos provoca sufrimiento porque olvidamos su naturaleza impermanente. Corremos detrás de ellos en un esfuerzo inútil por encontrar seguridad o felicidad en lo que, por su misma naturaleza, no puede ofrecernos estabilidad.
En el Sutra Corazón de la Gran Sabiduría recitamos cada día:
Shariputra, los fenómenos no son diferentes de shunyata. Shunyata no es diferente de los fenómenos. Los fenómenos son shunyata. Shunyata es fenómenos.
Fenómeno y vacuidad forman parte de nuestra existencia y, sin embargo, nuestros condicionamientos no nos permiten percibir el vacío, generalmente solo somos capaces de percibir objetos independientes a los que dotamos de entidad propia. Pero, no existe una separación real entre lo que consideramos «algo» y el «vacío». Lo que percibimos como fenómeno, lo que parece sólido y real, es en esencia vacío, carente de un yo independiente, con existencia propia. El maestro zen Dogen expresó esta verdad en su célebre frase «shin jin datsu raku», «abandona, cuerpo y mente». La vacuidad y los fenómenos no están separados, son dos caras de la misma moneda. No se trata de rechazar lo que vemos, sentimos o experimentamos, sino de verlo tal como es: vacío de sustancia fija, pero al mismo tiempo pleno en su manifestación.
No es suficiente con liberarse del apego a los fenómenos, sino que también es necesario evitar el apego a la vacuidad. Vacuidad, no es la «nada» en sentido nihilista. Es el reconocimiento de que todas las cosas carecen de una esencia fija y que dependen de causas y condiciones. Pero cuando uno se apega a la vacuidad, se corre el riesgo de caer en la trampa de la indiferencia, en el error de rechazar la realidad fenoménica como algo insignificante o ilusorio.
Tenemos que situarnos más allá de los opuestos, la bóveda celeste contiene las nubes y el espacio vacío entre ellas, tenemos que trascender cualquier dicotomía y aprender a percibir la realidad desde mushotoku, nada que obtener, nada que aferrar. Cuando dejamos de buscar algo a lo que aferrarnos, cuando dejamos de tratar de alcanzar o rechazar cualquier cosa, nos situamos en la Vía. La percepción desde mushotoku es libre de las trampas del deseo y del rechazo, y nos permite habitar la realidad tal como es.