Verso 12

Aferrarse a los extremos impide realizar la unidad.

Los extremos son interdependientes: no hay día sin noche, ni vida sin muerte, ni alegría sin tristeza. Aunque puedan parecer opuestos irreconciliables, se entrelazan y complementan como el movimiento alternado de la pierna izquierda y la derecha al caminar. Juntos forman una única realidad, como las dos caras de una moneda. Si nos apegamos ciegamente a uno de estos extremos y rechazamos su opuesto, perdemos la oportunidad de reconocer su interconexión y, con ello, de «realizar la Unidad». Aun cuando estemos completamente identificados con uno de ellos, la Unidad sigue siendo intrínseca. La Realidad es tal cual es, y no depende de nuestro limitado e ilusorio punto de vista.

Esta identificación con un extremo ocurre de forma constante y, con frecuencia, sin que seamos conscientes de ello. Esto se debe, en gran parte, a nuestra necesidad de generar una identidad que nos proporcione seguridad y estabilidad: un «yo» autónomo e independiente que, en última instancia, es ilusorio.

Para liberarnos de esta percepción distorsionada, debemos cultivar la ecuanimidad, una cualidad que nos permitirá desidentificarnos de los extremos y alcanzar una visión más amplia y acorde con la Realidad. Este es el camino medio del Buda, el sendero que nos enseña a mantener el equilibrio entre los opuestos sin identificarnos con ninguno de ellos. Al recorrer este camino, podemos vivir en armonía, fluyendo entre los extremos sin dejarnos arrastrar por ellos.

Nuestra configuración perceptual por defecto nos proporciona una visión dualista de todo lo que nos rodea que inevitablemente nos provoca sufrimiento. Nuestra manera de experimentar esta «realidad» no es la única manera de hacerlo. La tradición budista nos enseña la manera de ajustar el foco de nuestra percepción para que sea más acorde a como son las cosas, abriéndonos así la puerta a la paz y felicidad que emergen de manera natural con la Visión Correcta que el Buda nos legó.

En el Sandokai se dice:

«En la oscuridad existe la luz,

no tengáis una visión oscura.

En la luz existe la oscuridad,

no tengáis una visión luminosa.

La luz y la oscuridad parecen opuestas,

pero dependen la una de la otra

como la pierna derecha depende de la pierna izquierda.»

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