Cuando cesan las palabras y el sobrepensamiento, no hay lugar donde no haya claridad.
Dejar de pensar nos parece algo difícil, casi imposible. Sin embargo, intuimos que hay algo profundamente liberador en ello. Muchas personas, cuando asisten por primera vez a un curso de introducción a la meditación zen, expresan en el círculo inicial de presentación el deseo de silenciar el ruido interno que les acompaña constantemente.
¿Cómo lograrlo? No se trata de forzar la mente al silencio ni de luchar contra los pensamientos. El esfuerzo por acallar el pensamiento solo genera más ruido. En lugar de eso, aprendemos a no identificarnos con el incesante discurso mental, permitiendo que los pensamientos vengan y se vayan sin aferrarnos a ellos. Es como sentarse a la orilla de un río y observar el agua fluir: no intentamos detener la corriente, simplemente la vemos pasar. De este modo, cultivamos la ecuanimidad instante tras instante.
Nuestra tendencia natural es buscar respuestas en el conocimiento, acumulando información con la esperanza de encontrar en ella la clave de una vida plena y con sentido. Leemos libros, asistimos a conferencias, buscamos maestros… Cada cual puede sustituir sabiduría por aquello que más anhela: felicidad, éxito, amor, aceptación. Pero, ¿dónde estamos realmente buscando?
La siguiente historia de Nasrudín ilustra con humor nuestra constante búsqueda en el lugar equivocado:
Una noche, Nasrudín estaba dando vueltas alrededor de una farola, mirando al suelo con atención. Un vecino que pasaba por allí le preguntó:
—Nasrudín, ¿qué haces? ¿Has perdido algo?
—Sí, estoy buscando las llaves de mi casa.
El vecino se quedó a ayudarle. Al rato, se les unió una vecina, y luego otro vecino más. Juntos buscaron y buscaron hasta que, cansados de no encontrar nada, uno de ellos preguntó:
—Nasrudín, ¿estás seguro de haber perdido las llaves aquí?
—No, las perdí allí arriba.
—¡Pero entonces, ¿por qué las estamos buscando aquí?!
—Porque aquí hay más luz.
¿Cuántas veces buscamos la claridad en el lugar equivocado? Pensamos que más conocimiento, más dinero, más fama, más… nos traerá la respuesta, cuando en realidad la clave no está en acumular, sino en soltar.
Desde la perspectiva de la mente despierta, no hay opuestos, no hay nada que comprender, nada que atrapar con la mente conceptual. Solo queda la realidad tal como es.