No te aferres a puntos de vista dualistas, actúa con cuidado y no los persigas.
Las dicotomías son la base de nuestra percepción automática de la realidad. Inconscientemente, necesitamos identificarnos con uno de los extremos para autoconvencernos de que el constructo que llamamos «Yo» es real. La tradición budista nos enseña que el ego es un constructo mental imaginario. El «Yo y lo mío» son necesarios para desenvolvernos en nuestra vida cotidiana, pero al fin y al cabo son una construcción carente de realidad intrínseca. Ello provoca un sentimiento de carencia, de sed de existencia, que nos acompaña continuamente, seamos conscientes de ello o no.
Una de las estrategias inconscientes que utilizamos para evitar el sentimiento de vacío provocado por este falso «Yo» es apegarnos a uno de los extremos en los que escindimos la realidad. Este apego nos da una falsa sensación de Ser, la cual nos provoca una gran cantidad de problemas asociados a esta identificación. Ya que se convierte en algo tan fundamental para nosotros que, mantenernos aferrados a ello, lo llegamos a considerar una cuestión de vida o muerte. Efectivamente, es la vida o la muerte de un ente imaginario que hemos creado, que mantenemos vivo en nuestra imaginación y que creemos ser.
El despertar es el fin de las imaginaciones que nos hacemos sobre la realidad, el fin de lo que creemos ser para ser lo que realmente somos. Nuestra verdadera naturaleza está aquí y ahora en cada instante, esperando a ser actualizado a través de la toma de conciencia de este proceso para aprender a liberarnos de estos apegos inútiles, insatisfactorios y dañinos.
Por tanto, «actúa con cuidado y no los persigas». Es decir, tomar conciencia de a qué te estás aferrando y deja caer todos los apegos a los que te identificas irracionalmente, ser honesto y soltar todo aquello que no te aporte paz y felicidad a ti mismo y a todos los seres que te rodean.