Verso 22

Apenas surge el juicio de correcto e incorrecto mente y corazón se pierden en la confusión.

¿Correcto, incorrecto? ¿Quién sabe las vueltas que da la vida? En vez de aferrarnos al juicio, es más apropiado desarrollar una actitud de aceptación. Si te gusta, las cosas son como son; si no te gusta, las cosas son como son. Nos pasamos la vida enjuiciando, atrapados en una corriente incesante de opiniones y evaluaciones, lo que nos desconecta de nuestro corazón, de nuestra verdadera mente, de lo que realmente somos. Así nos sumimos en la confusión.

Sin embargo, en la vida cotidiana es inevitable elegir. En cada momento tomamos decisiones, grandes o pequeñas, que dan forma a nuestro camino. Lo que la práctica nos proporciona no es una evasión de la responsabilidad, sino la claridad y la sabiduría necesarias para elegir con mayor lucidez, sin quedar atrapados en el miedo, el apego o la confusión.

¿Cómo salir de este callejón sin salida? A través de la visión despierta que surge con la práctica de zazen. Al cultivar la bondad, la compasión, la alegría y la ecuanimidad, aprendemos a relacionarnos con la realidad de manera más natural y sabia, en armonía con cada momento. De este modo, la niebla de la ofuscación se disipa, y con ello ganamos estabilidad emocional y mental, algo esencial para conectar con nuestra bondad innata y vivir el día a día con un corazón tranquilo, en paz y libre.

Se trata de soltar la compulsión, de clasificar cada experiencia como buena o mala y, en su lugar, habitar la realidad con una apertura total. ¿Cómo se experimenta esto en la vida cotidiana? En la capacidad de recibir cada instante sin etiquetarlo, de sostener el mundo sin el filtro del «yo y lo mío», sin imponer una narrativa sobre lo que debería ser. Y cuando llegue el momento de decidir, hacerlo desde la sabiduría, con la mente despejada y el corazón en paz.

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