Cuando la mente no construye, los diez mil fenómenos están libres de error.
En el budismo Mahayana, y en particular en el Sutra del Diamante, se habla de la mente unificada como un estado de conciencia en el que se alcanza la comprensión profunda de la verdadera naturaleza de la realidad. Este estado no es una abstracción filosófica, sino una experiencia directa en la que se disuelven las construcciones conceptuales y se perciben los fenómenos tal como son: interdependientes, vacíos de existencia inherente y en constante cambio. La mente unificada no es una idea que pueda captarse intelectualmente, sino una vivencia que surge cuando se trasciende la dualidad entre sujeto y objeto.
En la mente unificada, no hay una búsqueda de lo placentero ni un rechazo de lo desagradable, porque ambas tendencias surgen del apego a una idea del «yo» que se enfrenta a la realidad como si fuera algo separado de ella. En la vida cotidiana, esta ilusión de separación nos lleva al sufrimiento al crear expectativas y resistencias innecesarias. Observar cómo estas tendencias emergen y se disuelven en la práctica es parte esencial del camino.
La mente unificada es la actualización viviente de la vacuidad, tal como la enseña el Sutra del Corazón: «La forma es vacío y el vacío es forma». No significa una mente en blanco o una pasividad sin dirección, sino una claridad sin obstrucciones, como un espejo que refleja sin distorsionar. En el Shobogenzo Ikka Myoju, Dogen afirma:
«El universo entero es una perla brillante».
Esta metáfora expresa la perfección inherente de la realidad tal como es. Nada sobra, nada falta. Así como la perla refleja todo sin distorsión, la mente unificada no altera la realidad con juicios o preferencias, sino que todo lo refleja tal como es. Sentarse en la paz de zazen, dejarse caer hasta el fondo de uno mismo, es la actualización de esta enseñanza. No es un concepto, sino una vivencia que solo puede realizarse a través de la práctica continuada.
Cuando la mente está unificada, los «diez mil fenómenos» —todo lo que existe— aparecen tal como son, sin distorsiones ni errores de interpretación. No hay juicio ni separación, solo la íntima comprensión de que la mente y los fenómenos no son dos. Este es el estado en el que el Dharma se revela en cada instante, en cada respiración, en cada sonido del viento entre los árboles.
Así, la mente unificada no es un objetivo que alcanzar en el futuro, sino la condición natural que se manifiesta cuando dejamos de resistirnos a lo que es. La práctica del budismo Soto Zen no busca fabricar un estado especial, sino disolver las obstrucciones que nos impiden ver que la Vía ya está presente en cada momento, el aquí y ahora, el eterno presente. Cada vez que nos sentamos en zazen, dejamos de resistirnos y permitimos que la mente unificada se manifieste, recordándonos que el aquí y ahora es el único momento en el que la Vía puede vivirse plenamente.