Verso 25

Sin error, no hay fenómenos. Sin construcciones mentales, no hay apego ni rechazo.

Los errores y las construcciones mentales no son ajenos a la existencia; más bien, la hacen posible. Son como el anverso y el reverso de una misma moneda: sin ellos, no habría fenómenos ni mente que los perciba. Sin embargo, estas construcciones surgen de la ignorancia y la ilusión, generando divisiones donde no las hay, atrapándonos en la dualidad y el conflicto.

El sufrimiento surge cuando confundimos nuestras interpretaciones con la realidad misma. Al aferrarnos a nuestras proyecciones mentales, nos perdemos en el juego de las oposiciones: correcto e incorrecto, bueno y malo, apego y rechazo. Pero si dejamos de alimentar esas construcciones erróneas, la realidad se muestra sin fisuras, sin necesidad de ser dividida en opuestos.

La práctica de zazen nos permite experimentar esta claridad directamente. No se trata de erradicar la percepción o el pensamiento, sino de reconocer su naturaleza y no quedar atrapados en ellos. En lugar de eliminar todas las construcciones mentales, aprendemos a verlas por lo que son, liberándonos de aquellas que nos ciegan y cultivando una mente abierta, serena y compasiva.

Cuando la mente deja de proyectar sus distorsiones, los fenómenos no se presentan como separados ni en conflicto. La realidad es una, indivisible, pero es nuestra percepción errónea la que genera la ilusión de lo múltiple y fragmentado. Ver con claridad es liberarnos de esa distorsión y, en esa liberación, ser uno con nuestra naturaleza original.

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