El Dharma lo abarca todo, no es fácil ni difícil.
En nuestra vida cotidiana solemos buscar lo que nos resulta más fácil y evitar lo que percibimos como difícil. Esta tendencia puede llevarnos a una visión superficial de la realidad, clasificando las experiencias según nuestra comodidad o incomodidad. Sin embargo, la noción de fácil y difícil es solo una construcción mental, una etiqueta subjetiva que nuestra mente proyecta sobre las circunstancias.
La mente conceptual tiende a dividir el mundo en opuestos y luego se aferra a esas categorías como si fueran verdades absolutas. Fácil y difícil no son cualidades inherentes a la realidad, sino interpretaciones condicionadas por nuestras expectativas, deseos y experiencias previas. En su origen, estas distinciones surgieron como herramientas funcionales para orientarnos en el mundo, pero con el tiempo las hemos convertido en barreras que limitan nuestra percepción directa de las cosas tal como son.
Si observamos con claridad, vemos que no hay experiencias intrínsecamente fáciles o difíciles. Lo que hoy nos resulta complicado, con la práctica se vuelve natural; lo que ahora sentimos sencillo, en otro contexto puede convertirse en un desafío. La dificultad o la facilidad no están en las cosas mismas, sino en la relación que establecemos con ellas. Liberarnos de estas fijaciones nos permite acercarnos a la realidad con una mente más abierta y receptiva, sin prejuicios ni resistencias.
El Dharma lo abarca todo y no se rige por nuestras categorías limitadas. No es algo que deba ser buscado en lo que consideramos fácil ni evitado en lo que creemos difícil. Está presente en cada instante, más allá de los juicios que proyectamos sobre él. Cultivar una mente flexible nos permite abrazar cada experiencia con ecuanimidad, sin rechazar ni aferrarnos, sin caer en la trampa de medir la vida en términos de esfuerzo o comodidad.
¿Cómo acceder a este Dharma que lo abarca todo? Regresando a nuestra condición natural, más allá de la dualidad de los conceptos, a través de zazen. En la quietud de la práctica la mente deja de fragmentar la realidad y simplemente se asienta en lo que es, sin buscar lo fácil ni rechazar lo difícil. Allí, lo que parecía distante se vuelve inmediato, y lo que parecía inaccesible se revela como siempre presente.