No es bueno agotar la energía vital, ¿para qué huir, para qué seguir buscando?
Frecuentemente nos sumergimos en la vorágine de nuestras preocupaciones sin detenernos a considerar en qué dirección estamos dirigiendo nuestra energía vital. ¿Cómo y en qué la invertimos? Esta energía es un recurso precioso y limitado y, sin darnos cuenta, la gastamos en preocupaciones innecesarias, en resistencias y apegos que nos consumen sin aportar verdadero valor a nuestras vidas. ¿Cuántas veces nos aferramos a aquello que solo nos desgasta? ¿Cuántas veces intentamos huir de lo desagradable sin darnos cuenta de que, en ese intento de escape, estamos desperdiciando una energía que podríamos emplear de manera más sabia en nuestro bienestar y en el de quienes nos rodean?
Pero, ¿acaso esta búsqueda constante nos lleva realmente a algún lugar? ¿No es, en sí misma, una forma de agotamiento, de dispersión? No es necesario agotar nuestra energía en una lucha sin fin, en el anhelo de algo que creemos que nos falta o en el temor a lo que nos persigue. Cuando dejamos de correr, cuando soltamos la necesidad de escapar o de encontrar respuestas en otra parte, descubrimos que la plenitud no está en el futuro ni en otro lugar: siempre ha estado aquí.
Tomar conciencia de nuestra energía vital implica estar plenamente presentes, reconocer nuestras elecciones y dirigir nuestra atención hacia lo que verdaderamente importa. Por eso, es fundamental hacer una pausa, sentarnos y sentirnos, observarnos y conectar con lo que realmente tiene valor en este instante, dentro de las circunstancias que estamos viviendo.
La práctica de la meditación Zen nos ofrece una herramienta invaluable para cultivar esta conciencia. Al entrenar la mente para habitar el momento presente, aprendemos a soltar las preocupaciones superfluas y a enfrentar lo desagradable con ecuanimidad. La meditación no es solo un acto de quietud durante zazen, sino un entrenamiento continuo que se extiende a la vida cotidiana, guiándonos hacia una gestión más sabia de nuestra energía vital.
No busquemos más. No nos desgastemos en la huida. Soltar no es perder, sino reencontrarnos con lo que siempre ha estado en nosotros. En la simplicidad del instante presente, en la respiración que entra y sale sin esfuerzo, hallamos la paz que nunca nos ha abandonado.
No agotemos nuestra energía en vano. No nos dejemos atrapar por apegos innecesarios ni por la inercia del pensamiento obsesivo. Que la conciencia sea nuestra brújula, permitiéndonos dirigir nuestra energía hacia lo que realmente importa. En cada respiración y en cada elección, encontramos la oportunidad de vivir con mayor plenitud y consciencia.