Si deseas alcanzar el Gran Despertar, no rechaces las seis sensaciones.
En la tradición budista, las seis clases de sensaciones abarcan las experiencias que surgen a través de los órganos de los sentidos: la vista, el oído, el olfato, el gusto, el tacto y la mente.
A diferencia de la concepción occidental, que limita la percepción a los cinco sentidos físicos, el budismo reconoce a la mente como un sexto sentido. Esto se debe a que la mente no solo procesa información, sino que también percibe objetos mentales, como pensamientos, recuerdos e imágenes internas, de la misma manera que los ojos perciben formas o los oídos perciben sonidos. Así, al igual que los demás sentidos, la mente genera experiencias que pueden ser placenteras, desagradables o neutras, y que pueden dar lugar a apego o aversión.
No debemos caer en los extremos del rechazo o el apego a estas sensaciones. El Buda histórico, Siddhartha Gautama, experimentó ambos extremos antes de alcanzar el despertar. Practicó el ascetismo, renunciando a toda comodidad y buscando la liberación a través de la privación, pero comprendió que este enfoque no conducía a la verdad última.
Encontrar un equilibrio entre rechazo y apego es fundamental. No rechazar las sensaciones significa no ignorar ni evitar nuestras experiencias, ya sean externas o internas, pues son parte de la vida y pueden enseñarnos algo valioso. Pero tampoco debemos caer en el apego, permitiendo que las sensaciones nos arrastren y dicten nuestras emociones y acciones. Esto se aplica tanto a las percepciones físicas como a los pensamientos y emociones que surgen en la mente.
Este equilibrio nos permite desarrollar una comprensión más profunda de la realidad. Cuando observamos con ecuanimidad las experiencias sensoriales y los fenómenos mentales sin aferrarnos ni rechazarlos, podemos liberar la mente de sus ataduras y acercarnos a una experiencia más directa y auténtica.