Verso 58

La vacuidad luminosa resplandece por sí misma sin hacer ningún esfuerzo mental.

La verdadera comprensión y sabiduría no emergen de un esfuerzo mental agotador ni de un análisis intelectual tenaz, sino de un estado de receptividad tranquila y apertura, sin exclusiones. En el momento en que dejamos ir las construcciones mentales automáticas del ego, esos pensamientos que nunca cesan, es cuando el resplandor natural de nuestra auténtica naturaleza se puede expresar con libertad. En el budismo zen, hablamos de esto como la «Mente de Principiante», una mentalidad que nos permite mirar el mundo con ojos frescos, renovados en cada instante, sin el peso de nuestras preconcepciones ilusorias ni las construcciones mentales automatizadas.

Para liberarnos de ese esfuerzo mental innecesario, debemos cultivar una profunda confianza interna. Esta confianza nos conecta con nuestra verdadera naturaleza original, permitiéndonos trascender el apego al yo de manera natural, sin sobreesfuerzo. Tampoco se trata de una creencia ciega, sino de una experiencia directa, un acto de confianza honesto.

Para desarrollar esta confianza, es necesario primero ser conscientes de la estructura del «yo», y luego disolver esa identificación que hemos hecho de manera ciega con nuestra personalidad. Este proceso puede ser muchas veces doloroso, pues nos exige soltar una parte de nuestra identidad y enfrentarnos a lo desconocido. La confianza serena, en este caso, es el apoyo que necesitamos, pues nos da la seguridad de que todo estará bien a pesar de las incertidumbres y vacíos que puedan surgir.

La confianza serena no se basa en confiar en algo concreto, sino en la bondad intrínseca del universo. Es una disposición a dar el salto al abismo, sin garantías de lo que sucederá, pero con la certeza de que todo estará bien, sin importar las circunstancias. Esta confianza nos permite vivir con valentía y autenticidad, sin luchar contra lo que es, sin imponer esfuerzos innecesarios.

Cuando estamos anclados en esta confianza serena, vivimos nuestras vidas con libertad y paz. Ya no nos paralizan el miedo ni la preocupación; actuamos desde la seguridad de saber que estamos en el lugar adecuado, haciendo lo que debemos hacer. La confianza serena nos permite entregarnos completamente a la vida, soltar el control, y vivir en armonía con la realidad tal como es.

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