La realidad tal cual es abarca todo, no hay otro, no hay yo.
Cada experiencia, pensamiento y emoción no existe aisladamente, sino entrelazado en una red infinita de relaciones y causas. Nuestra existencia está tejida inseparablemente con la totalidad del universo. Al comprender esto profundamente, desaparecen las fronteras que construimos entre el «yo» y los «otros», en esencia, todo es uno. No existe una realidad separada del todo, no existe un yo aislado frente a los demás.
La práctica del zazen es una vía directa para experimentar esta realidad unificada. Al sentarnos en silencio y observar nuestra mente, las barreras que hemos construido entre nosotros y el mundo comienzan a disolverse de manera natural. Zazen actúa como una luz clara que revela nuestra auténtica naturaleza original, libre de las ilusiones del ego y de las falsas identificaciones. En este estado de apertura y quietud, percibimos con claridad la profunda interdependencia que nos une con todo lo que existe.
Al cultivar esta visión en nuestra vida cotidiana, comenzamos a vivir desde una perspectiva más amplia y compasiva. El reconocimiento de nuestra unidad fundamental con los demás y con el universo nos lleva a actuar con más empatía y comprensión. Zazen transforma nuestra relación con el mundo, permitiéndonos enfrentar las circunstancias cotidianas con serenidad, gratitud y apertura.
Mediante la práctica zen, realizamos la unidad intrínseca que subyace en toda existencia. Al hacerlo, trascendemos las fronteras del ego y accedemos a la experiencia profunda de que, en realidad, no existe separación alguna: en la realidad tal cual es, todo es uno.