Uno es todo. Todo es uno.
Hay una interconexión profunda entre lo particular y lo universal, entre lo relativo y lo absoluto. Cada fenómeno individual contiene la totalidad del cosmos, y el cosmos se manifiesta plenamente en cada cosa. Esta comprensión disuelve la ilusión de separación, revelando una realidad donde lo absoluto y lo relativo coexisten inseparablemente. En zazen, esta unidad se experimenta directamente, mostrando que el «yo» no está aislado, eso es solo una ilusión compartida, ya que forma parte de un todo dinámico e interdependiente.
No se trata solo de comprender intelectualmente, sino de darnos cuenta de que existen distintas formas de experimentar el mundo. Podemos ver cada cosa como algo independiente, o como expresión de la totalidad. Lo importante es poder movernos libremente entre estas perspectivas, respondiendo adecuadamente según las circunstancias. Esta capacidad de adaptarse, de pasar del uno al todo y del todo al uno, es lo que permite una vida armoniosa, en sintonía con la realidad cambiante.
Cada momento y cada acción son una oportunidad para expresar esta comprensión, actuando con compasión y sabiduría. Al vivir desde esta libertad, nuestras acciones no solo reflejan la conexión con el todo, sino que responden de manera precisa y creativa a las demandas del momento presente.