La esencia de la confianza es no-dualidad. No-dualidad es la esencia de la confianza.
Confiar es vivir sin dividir. La confianza profunda nace cuando dejamos de vernos separados del mundo, cuando soltamos la percepción del «yo» por un lado, y «todo lo demás» por otro. La mente condicionada, atrapada en el hábito de distinguir entre dentro y fuera, mío y no mío, nos mantiene en una sensación constante de distancia y lucha. Pero cuando dejamos caer estas barreras, nos encontramos con algo que siempre estuvo ahí: nuestra naturaleza original, plena, viva, completa.
En esa experiencia de no-dualidad, la confianza surge sola. No es algo que fabriquemos, ni una creencia a la que nos aferremos. Es como respirar: natural, sencillo, inevitable. Confiamos porque sentimos, de forma directa, que no estamos separados de la vida. Esta confianza no depende de que todo salga como queremos. No necesita promesas ni seguridades. Es el reconocimiento íntimo de que, pase lo que pase, la vida misma nos sostiene.
Cuando descansamos en esta confianza, dejamos de luchar contra la corriente de la existencia y ya no sentimos la necesidad de controlar o resistirnos. Vivimos con total apertura, con atención plena, disponibles para cada momento, con la sabiduría de saber que cada paso, incluso el incierto, forma parte de un camino mayor que nos incluye y nos nutre.
La práctica de zazen nos ayuda a integrar esta enseñanza como una experiencia viva. Nos enseña a soltar las viejas armaduras que nos separan del mundo. Cuando experimentamos que en el fondo no hay dos, que la vida y lo que somos es uno, confiar se vuelve algo natural. Entonces, saltar al vacío de lo desconocido, deja de ser aterrador. Descubrimos que siempre hemos estado en casa, que no hay nada a lo que llegar.
Esta confianza serena transforma nuestra manera de estar en el mundo. Nos permite vivir con más coraje, más alegría, más autenticidad. Nos enseña que podemos caminar, respirar, amar y soltar… sabiendo que la vida siempre nos sostiene.