Verso 73

Una vez aquí el lenguaje se silencia, y el pasado, el futuro y el presente desaparecen.

El despertar trasciende el lenguaje y el tiempo. El lenguaje no puede captar la realidad tal cual es. En el budismo, las palabras son solo herramientas temporales que no pueden abarcar lo inefable. Solo cuando cesan los conceptos y las explicaciones, se abre el espacio para experimentar directamente lo que es, sin necesidad de intermediarios.

La realidad no es algo que pueda explicarse con palabras, sino algo que se vive plenamente cuando soltamos la mente discursiva a través de la experiencia directa. En nuestra tradición, a través de la práctica de zazen accedemos a este silencio que está más allá de las palabras y el silencio, las categorías de pasado, futuro y presente pierden su significado, y lo que queda es simplemente estar aquí, más allá de todo concepto, en una paz que no necesita explicaciones.

La realidad no se puede fragmentar en pasado, presente y futuro; no es un punto fijo que podamos localizar ni un instante que podamos poseer. Tiempo y ser son inseparables, como expresa Dogen en el Shobogenzo en el capítulo Uji, ser-tiempo, donde manifiesta que cada momento contiene la totalidad del ser. Cuando observamos una gota de agua caer, no es solo «una gota en un instante». Es la culminación de todo lo que permitió que existiera: la nube, la lluvia, la tierra, el sol. Esa gota contiene el universo entero, porque sin el universo, no podría ser. De igual forma, cada instante contiene la totalidad del ser, porque no hay separación entre lo que somos, lo que hacemos y el momento en que sucede.

Esta comprensión no se alcanza buscando fuera ni aferrándose a categorías mentales, sino abandonando las estructuras que condicionan nuestra percepción y permitiendo que la experiencia fluya libremente, sin límites impuestos por la mente discursiva. Viviendo plenamente cada instante, sabiendo que no es un paso hacia otro lugar o momento, sino la totalidad misma de la existencia, manifestándose aquí y ahora.

Debemos soltar no solo el lenguaje y las nociones de tiempo, sino también la insistencia en definir y controlar la experiencia. El camino del zen no es un medio para alcanzar un estado futuro, sino la manifestación directa del despertar aquí y ahora. En este estar completamente presentes, el «yo» desaparece, las barreras se disuelven, y lo que queda es la plena expresión de la vida tal como es, completa y perfecta en sí misma.

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