A mi querido discípulo Ervigio Vázquez
En memoria de un discípulo querido
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Ervigio ofreciendo incienso en la ceremonia de precepto del Bodhisattva, 2025.
Me resulta difícil encontrar palabras para despedirme de Ervigio Vázquez, uno de mis primeros discípulos. Durante estos años compartimos práctica, retiros, trabajos y muchos momentos de la vida de la Sangha, no se perdía ninguna actividad que organizáramos.
Éramos, además, personas muy distintas. Nuestra manera de comprender algunas cosas del mundo estaba en lugares casi opuestos y, en ocasiones, debo reconocer que esa distancia me producía cierta incomodidad.
Pero entonces estaba Ervigio.
Su buen corazón terminaba siempre por hacer pequeñas todas esas diferencias.
Porque más allá de las ideas estaba la persona. Y Ervigio era, sobre todo, una persona buena. Generosa. De esas que cuando hacía falta algo en la comunidad no preguntaban demasiado: simplemente estaban allí.
Siempre dispuesto a ayudar.
Círculo de corazones tras la noche de Mara, 2025. Ervigio la hizo completa.
En una Sangha hay personas que destacan por sus palabras, otras por sus conocimientos y otras por su práctica. Ervigio pertenecía también a una categoría quizá menos visible, pero absolutamente imprescindible: la de quienes sostienen la comunidad con sus manos, con su tiempo y con su disponibilidad.
Nunca olvidaré esa capacidad de entrega.
Como maestro suyo podría hablar de su compromiso con la práctica, de su constancia o de su sincero anhelo de despertar. Pero hoy prefiero recordar su humanidad.
Ervigio me enseñó también algo que quizá solo ahora comprendo plenamente. Podemos pensar de manera muy diferente y, sin embargo, reconocernos en aquello que está antes de nuestras opiniones y nuestras ideas. Podemos sentarnos juntos. Podemos trabajar juntos. Podemos cuidarnos.
Eso también es el Dharma.
Ervigio haciendo de jisha en la rohatsu de 2025.
Hoy la Sangha pierde a una persona muy querida y yo pierdo a un querido discípulo.
Queda su lugar vacío. Quedan los recuerdos. Quedan todas esas pequeñas cosas que hizo por los demás.
Y queda su ejemplo.
Querido Ervigio, gracias por tu práctica. Gracias por tu entrega. Gracias por haber estado tantas veces cuando hacía falta.
Que los méritos de tu vida y de tu práctica se extiendan a todos los seres.
Con gratitud,
Daizan
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