Genjōkōan

Una reescritura contemporánea con notas para la práctica

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Introducción

El Genjōkōan es un texto del siglo XIII escrito por Eihei Dōgen, monje zen japonés que viajó a China para estudiar y, a su regreso, fundó la escuela Sōtō Zen del budismo en Japón. Lo escribió en 1233, en forma de carta, para un estudiante laico llamado Yōkōshu. Más tarde lo incluyó como texto de apertura del Shōbōgenzō, su obra principal, una colección de escritos sobre el Dharma que Dōgen redactó a lo largo de toda su vida.

El título es casi intraducible. Gen es lo que se manifiesta, lo que aparece. apunta a la realización, a algo que se hace presente y completo. Kōan es la pregunta que no se resuelve con la mente, sino con la vida entera. Juntos, los tres caracteres señalan algo así como: la realidad tal como se presenta. Dōgen lo usa para hablar de la práctica no como algo que se hace aparte de la vida, sino como la textura misma de estar aquí.

El texto original está escrito en un japonés antiguo denso y paradójico, que ha desafiado a traductores y comentaristas durante siglos. Hay versiones académicas muy cuidadas, versiones poéticas, versiones en lenguaje llano. Esta no es ninguna de esas exactamente.

Lo que sigue es el resultado de leer el Genjōkōan muchas veces, en distintas traducciones y momentos, y de preguntarme qué queda cuando dejas de intentar entenderlo y te dejas sentirlo. No es una traducción del japonés clásico: es una reescritura en español contemporáneo que intenta preservar no tanto las palabras como la dirección a las que siento que apuntan. En ningún momento he intentado suavizar lo que en el original es deliberadamente desconcertante.

Las notas al pie no son aclaraciones académicas. No explican el contexto histórico ni ofrecen variantes textuales. Son, más bien, un acompañamiento de lo que este texto me ha ido mostrando con el tiempo, lo que me ha costado entender, lo que todavía no entiendo del todo.

Finalmente, este texto no está pensado para leerse de una vez. Dōgen no escribe para informar sino para desestabilizar suavemente la forma en que organizamos la experiencia. Si en algún momento sientes que has comprendido, es probable que hayas pasado demasiado rápido. Si en algún momento sientes que te has perdido, quizás estés exactamente donde el texto quiere que estés.

Las notas pueden leerse en el momento en que aparecen, o pueden ignorarse en una primera lectura y visitarse después. También pueden leerse solas, como un texto paralelo. No hay una forma correcta de entrar aquí.

Solo hay que entrar.

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Texto

1

Si te detienes un momento y miras la realidad desde las enseñanzas de Buda, empiezan a aparecer muchas distinciones: ves ignorancia y despertar, práctica, vida y muerte, budas y seres humanos.1

Pero si sigues estudiando el dharma un poco más profundamente, puede ocurrir algo distinto: las cosas ya no parecen tener un «yo» fijo. Y entonces esas diferencias se aflojan… ya no hay realmente ignorancia frente a despertar, ni seres separados, ni una vida opuesta a la muerte.2

La vía de Buda no se queda en ninguna de estas dos formas de ver la realidad. Y sin embargo, en tu experiencia siguen apareciendo la vida y la muerte, la confusión y la claridad, seres vivientes y budas.3

Y, aun así, si observas detenidamente, la vida es muy directa:
las flores se marchitan aunque te gusten,
y las malas hierbas crecen aunque no las quieras.4

2

Mira cómo funciona habitualmente: cuando intentas entender las cosas desde el «yo y lo mío», todo se complica y te pierdes.5

Pero hay otra posibilidad: dejar que las cosas, tal como son, te muestren quién eres. Y entonces tu naturaleza original se aclara sin esfuerzo.6

Quien llega a ver profundamente su propia confusión, está ya en el camino del Buda.7

Quien cree que ha comprendido, sigue dando vueltas dentro del samsara.8

Incluso después de comprender algo importante, la práctica continúa abriéndose.9

Y otras veces, incluso dentro de la confusión, seguimos girando sin darnos cuenta.10

Un buda no va pensando «soy un buda».11

Y, sin embargo, su vida expresa eso de forma natural, momento a momento.12

3

Cuando ves las formas y escuchas los sonidos con todo tu cuerpomente, el encuentro con las cosas se vuelve íntimo y directo.13

Pero no se trata de mirarlas como quien contempla una imagen en un espejo, ni como quien observa la luna reflejada en el agua.14

Cada vez que un lado se ilumina, el otro queda en la sombra.15

4

Practicar la vía de Buda es mirar hacia ti y estudiarte.16

Mirarte es empezar a soltar la idea fija de quién eres.17

Soltar esa idea es dejar que la realidad misma te muestre quien eres realmente.18

Cuando eso ocurre, cae la separación: cae tu propio cuerpomente y el cuerpomente de los demás.19

Entonces no queda rastro de «he alcanzado algo»,20
y ese no-rastro continúa sin fin.21

Al principio, cuando empiezas a buscar el Dharma, parece que estás lejos.22

Pero cuando esto se realiza de verdad, simplemente eres lo que siempre has sido.23

5

Cuando vas en una barca y miras la orilla, puede parecer que es la orilla la que se mueve.24

Pero si miras con atención, eres tú quien se está moviendo.25

De la misma manera, cuando la mente está confusa, parece que hay algo permanente dentro de ti.26

Pero si vuelves a este momento, con atención, se ve claramente: no hay nada sólido a lo que llamar «yo».27

6

La leña se convierte en ceniza, y la ceniza ya no vuelve a ser leña.28

Pero no lo entiendas como una secuencia rígida de antes y después.29

Cada cosa es completamente lo que es en su momento.30

La ceniza habita plenamente su lugar-momento de ceniza y a la vez incluye su antes y su después.

La leña no vuelve a ser leña tras ser ceniza.

Tú no vuelves a la vida tras la muerte.

Por eso, la vida no se transforma en muerte. Decimos: No-nacimiento.

La muerte no se transforma en vida. Decimos: No-muerte. 31

La vida es expresión completa en este momento.32
La muerte es expresión completa en este momento.33

Como invierno y primavera:34
no es que uno se transforme en el otro,
sino que cada uno se manifiesta plenamente cuando le corresponde.35

7

La realización es como la luna reflejada en el agua.36

La luna no se moja. El agua no se rompe.37

Aunque la luz sea inmensa, aparece incluso en un pequeño charco.38

Toda la luna cabe en una gota de rocío.39

La realización no te rompe ni te divide, como la luna no hiere el agua.40

La persona no obstaculiza la realización, como una gota de agua no obstaculiza la luna en el cielo.41

La profundidad de esa gota… es la altura de la luna.

Cada reflejo, sea largo o breve, manifiesta la inmensidad de la gota de rocío y hace presente la infinitud de la luz lunar. 42

8

Cuando el Dharma no ha llenado por completo cuerpo y mente, uno cree que ya ha comprendido.

Cuando sientes que ya has comprendido, sientes que aún falta algo.43

Cuando la práctica te llena por completo, aparece una sensación de apertura, como si aún quedara camino.44

Es como salir en una barca al centro del océano, sin tierra a la vista, y mirar en las cuatro direcciones: el mar parece circular y no aparece de otro modo.45

Pero el gran océano no es redondo ni cuadrado. La realidad no tiene una sola forma.46

Solo parece circular hasta donde alcanza nuestra mirada en ese momento.

Las diez mil cosas son también así. Sus posibilidades son inagotables.47

En el mundo polvoriento y más allá de él hay innumerables aspectos, pero solo vemos y comprendemos aquello a lo que alcanza el ojo de nuestra práctica.

Por eso debemos saber que océanos y montañas tienen características inagotables y que hay mundos enteros no solo en torno a nosotros, sino también bajo nuestros pies y en una sola gota de agua.

Solo ves hasta donde alcanza tu mirada en este momento.48

9

Un pez nada en el agua y, por mucho que nade, el agua no se acaba.49

Un pájaro vuela en el cielo y, por mucho que vuele, el cielo no se acaba.50

Y sin embargo, nunca están fuera de él.51

Cuando su necesidad es grande, su campo de acción es grande.

Cuando su necesidad es pequeña, su campo de acción es pequeño.

Cada uno realiza su situación por completo.

Si el pájaro deja el cielo, muere. Si el pez deja el agua, muere.

El agua es vida. El cielo es vida. El pájaro es vida y el pez es vida.

Cada uno vive completamente en su ámbito.52

Así también tú: ya estás en el lugar donde tu vida se realiza. Hay práctica-realización dentro de la vida limitada y de la vida ilimitada.53

10

Si quisieras entenderlo todo antes de dar un paso, no encontrarías ni camino ni lugar.54

Pero cuando das ese paso, ahí mismo se despliega la vía.55

Ese lugar no viene del pasado ni aparece ahora:56
es simplemente así.57

11

Cuando te encuentras de verdad con algo, lo atraviesas completamente.58

Cuando practicas, la práctica es completa en ese momento.59

Aquí mismo está el lugar. Aquí se despliega la vía.60

El límite de la realización no es claramente discernible, porque la realización aparece a la vez que la maduración del buddhadharma.

No debemos pensar que lo realizado se convierta en conocimiento propio ni que el despertar pueda ser atrapado por el intelecto.

¿Cómo podría el pensamiento poseer lo que se manifiesta? Su manifestación está más allá de lo que el saber puede poseer.61

12

El maestro zen Baoche del monte Mayu estaba abanicándose.62

Un monje se acercó y dijo: la naturaleza del viento es permanente y no hay lugar al que no llegue. ¿Por qué, entonces, te abanicas?63

El maestro respondió: solo sabes que la naturaleza del viento es permanente, pero todavía no comprendes el sentido de que llegue a todas partes.64

El monje preguntó:

¿Cuál es el sentido de que llegue a todas partes?

El maestro siguió abanicándose.65

El monje se inclinó profundamente y comprendió en silencio.66

La experiencia auténtica del buddhadharma y el camino vital de su correcta transmisión son así.

Decir que no hace falta abanicar porque la naturaleza del viento es permanente y que, por tanto, debería sentirse el viento incluso sin abanico, es no comprender ni la permanencia ni la naturaleza del viento.

Precisamente porque la naturaleza del viento es permanente, el viento de la casa de Buda hace aparecer el oro de la gran tierra y convierte el agua del gran río en crema.

Así es la práctica:
no se trata de saber, sino de vivirlo directamente.67

Notas

  1. Si te fijas, es así como solemos mirar: separando, clasificando, poniendo nombre. Es útil… pero también estrecha la experiencia. Es el punto de partida: ver el mundo como «yo» frente a «lo otro». 

  2. No desaparecen las cosas. Lo que se afloja es la sensación de que hay un «yo» separado frente a ellas. Si nada tiene una esencia fija, las distinciones pierden solidez. Aquí es fácil quedarse atrapado en la idea del vacío. 

  3. La práctica no cambia la vida en algo distinto. Cambia la forma de estar en ella. La realidad no es «esto» ni «aquello», ni siquiera «ambas cosas». Es la coexistencia de la forma y el vacío. Hay budas y hay seres, pero ninguno es lo que parece. 

  4. La realidad no sigue nuestras preferencias. Y, aun así, estamos completamente dentro de ella. Las flores siguen cayendo… y eso duele. El despertar no anestesia. El despertar no te hace inmune al dolor ni a la preferencia; las flores siguen cayendo y eso te entristece. 

  5. Cuando todo pasa por el filtro del «yo», aparece tensión: querer entender, controlar, asegurar… y ahí empieza el extravío. El error del esfuerzo egoico de intentar «alcanzar» el despertar es como intentar morderse los propios dientes. El «yo» no puede atrapar la realidad porque el «yo» es el obstáculo. 

  6. Aquí no se trata de entender más, sino de dejar de forzar. Y en ese dejar, algo se muestra por sí mismo. No eres tú quien practica; es la Realidad la que practica a través de ti. Tú eres el escenario, no el actor. 

  7. Ver claramente la confusión ya es un giro. No hace falta convertirlo en nada especial. 

  8. A veces la comprensión se convierte en otra forma de agarrarse. Crees que has llegado… y eso mismo te cierra. 

  9. No hay un punto final. Incluso lo que parece claro sigue desplegándose. Incluso el despertar es algo de lo que hay que despertar. No hay un lugar donde puedas decir «ya está». 

  10. Muchas veces no vemos que estamos dando vueltas. Y eso también forma parte del camino. 

  11. Aquí cae la necesidad de definirse. No hay nada que fijar como identidad. 

  12. No es una idea ni un logro. Se expresa en la forma de vivir, sin esfuerzo añadido. Ser buda no es un título nobiliario. Si dejas de practicar, no hay despertar. Es como el baile: si dejas de bailar, el bailarín desaparece. 

  13. Cuerpomente no son dos cosas. No es que el cuerpo sienta y la mente piense. Es una sola unidad. En Zazen, la postura es el pensamiento. Hay momentos en los que ver y oír dejan de ser algo distante, y la experiencia se vuelve inmediata, sin separación entre tú y lo que está ocurriendo. 

  14. No es un conocimiento indirecto ni una representación. No estás ante una copia de la realidad, sino en contacto directo con ella. Más allá del reflejo: Un espejo está separado de lo que refleja. Eres el sonido de la campana, no el que la escucha. 

  15. Nuestra atención es como una linterna. Si iluminas el «yo», el mundo queda a oscuras. Si iluminas el mundo, el «yo» desaparece. No puedes verlo todo a la vez en la conciencia lineal. Cada vez que algo se revela, otra parte permanece velada. Ver esto también es parte de la sabiduría. 

  16. No como una reflexión mental, sino como una atención directa a lo que está ocurriendo. 

  17. Se va aflojando la historia que te cuentas sobre quién eres. 

  18. Cuando eso ocurre, la realidad deja de pasar por ese filtro constante. Es el proceso natural de desmantelar la identidad para que el universo entero ocupe su lugar. 

  19. La frontera entre dentro y fuera pierde solidez. 

  20. No hay nadie que pueda apropiarse de lo que ocurre. 

  21. La práctica no se detiene ni se convierte en algo que poseer. El No-Rastro: La verdadera espiritualidad es invisible. Si alguien «parece» un santo, todavía huele a ego. El rastro desaparece porque ya no hay separación entre la persona y la vía. 

  22. Al principio parece que hay algo fuera que hay que alcanzar. 

  23. Pero no se añade nada nuevo: se reconoce lo que ya está. 

  24. Es fácil confundir lo que se mueve cuando no miramos con atención. 

  25. Cambiar el punto de vista lo cambia todo. Usamos el «yo» como punto de referencia fijo y creemos que el mundo cambia. La práctica nos lleva a darnos cuenta de que el observador es el que está en flujo constante. 

  26. La sensación de un «yo» fijo aparece cuando la mente está confusa. 

  27. Si miras de cerca, esa solidez no se encuentra. Al «regresar justo aquí y ahora», buscas ese «yo» sólido que sufre o desea y… no lo encuentras. Solo hay sensaciones pasando. 

  28. Todo cambia, pero no de la forma lineal que solemos imaginar. La leña no es «causa» y la ceniza «efecto». Cada una es una expresión total y absoluta de la existencia en su propio momento. 

  29. Nuestra forma de pensar en «antes» y «después» es más rígida de lo que parece. 

  30. Cada instante es completo en sí mismo. Cada instante es un universo cerrado. El «tú» de hace cinco minutos no es el «tú» de ahora. No hay un hilo que los una, salvo la memoria, que es otra idea presente. 

  31. No-Nacimiento / No-Muerte: Si no hay un «yo» que transita de la vida a la muerte, entonces no hay nadie que nazca ni nadie que muera. Solo hay vida ocurriendo y muerte ocurriendo. 

  32. La vida no necesita completarse: ya es completa ahora. 

  33. La muerte no necesita completarse: ya es completa ahora. 

  34. Invierno y primavera no son una cosa convirtiéndose en otra. 

  35. Cada uno se manifiesta plenamente en su momento. El invierno no «trabaja» para que llegue la primavera. El invierno es perfecto siendo invierno. Tu confusión actual no es un paso previo a la claridad; es tu «posición-dharma» ahora mismo. 

  36. Esta imagen apunta a algo delicado: presencia sin apropiación. 

  37. La realización no cambia tu humanidad, igual que la luna no cambia la composición química del agua. Sigues siendo tú, pero iluminado. 

  38. Lo ilimitado no está lejos: aparece en lo más simple. 

  39. Lo total no necesita algo grande para mostrarse. 

  40. No hay ruptura interior. 

  41. Tampoco hay nada que bloquear. 

  42. Lo pequeño y lo inmenso no están separados. No hay grados de verdad. La totalidad del universo está en una respiración, igual que toda la luna está en una gota. Lo pequeño contiene lo grande. No es que la luna «quepa» porque se encoge, sino porque la naturaleza de la gota y la naturaleza de la luna son la misma. 

  43. La práctica no te «sacia» en el sentido de adormecerte. Te vuelve más sensible a lo que te falta. 

  44. Cuando se abre de verdad, aparece humildad, incluso sensación de no haber terminado. 

  45. Desde nuestra perspectiva, todo parece uniforme. 

  46. Pero eso es solo lo que alcanzamos a ver. 

  47. La realidad no se agota en nuestra percepción. El mundo que ves es real, pero no es el único mundo. Tu práctica te permite ver la «redondez» del mar, pero el mar tiene infinitas formas que no ves. 

  48. Siempre vemos desde un lugar concreto. 

  49. No hay un final al que llegar dentro de la práctica. 

  50. Tampoco en el espacio de la vida. 

  51. Nunca estamos fuera de donde estamos. 

  52. Cada vida se realiza en sus propias condiciones. No puedes «salir» de la realidad para observarla. Estás inmerso en ella. No hay un lugar sagrado y otro profano. El cielo está donde el pájaro vuela. 

  53. No necesitas ir a otro lugar para practicar. El pez y el agua no son dos cosas; son «pez-agua». Tú y tu vida sois un solo acto. 

  54. Esperar a entenderlo todo es quedarse parado. Puedes leer mil libros sobre el cielo, pero si no vuelas, no sabes qué es el cielo. 

  55. Es en el paso donde aparece el camino. El camino no está debajo de tus pies; tus pies hacen el camino al pisar. No hay una «Vía de Buda» externa que debas encontrar. 

  56. No depende de una historia ni de un momento especial. 

  57. Es tal como es. 

  58. Cuando hay encuentro real, no queda nada fuera. 

  59. La práctica-realización es completa en cada momento. Práctica y despertar son no dos. 

  60. No hay otro lugar al que ir. 

  61. El despertar no es una información que metes en la cabeza. Es un estado del ser que el intelecto no puede «poseer» ni explicar, igual que no puedes explicar el sabor del agua. No sabes cuándo despiertas, igual que no sabes en qué momento exacto te quedas dormido o en qué segundo exacto la flor se abre. Ocurre en la totalidad, no en la cronología. 

  62. La escena es completamente cotidiana. 

  63. La pregunta surge desde la lógica. 

  64. La respuesta no es teórica. 

  65. La acción continúa. 

  66. La comprensión no siempre pasa por palabras. El monje comete el error de la filosofía abstracta. El maestro responde con la práctica concreta. El viento se manifiesta porque te abanicas. 

  67. Aquí se resume todo: no se trata de saber, sino de vivir. Si después de leer esto sientes que lo has entendido, vuelve a leerlo. Si sientes que estás confundido, vas por buen camino. Si sientes que las palabras y tu respiración son la misma cosa, deja de leer.