Agradecimientos

Portada del libro Xin Xin Ming de Daizan Soriano

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Agradecimientos

Nada de esto es solo obra de uno. Cada palabra de este libro lleva la huella de todos los encuentros, silencios, enseñanzas y gestos que han nutrido mi vida.

Quiero expresar mi agradecimiento a mi maestro Dokushō Villalba que me apoyó en mi camino sin pedir nada a cambio y me ha dado la oportunidad de enseñar el Dharma siguiendo el linaje del Buda y de los ancestros; a mis padres que me dieron la vida y sembraron en mí las primeras semillas de bondad, a mi familia que me sostiene con su amor, alegría y paciencia; y a quienes practican conmigo en el silencio de zazen.

Mi más sincero agradecimiento a Agustín Vázquez, Uxío Outeiro y Fernando Mobesse por su generosa y atenta labor de revisión y supervisión de este texto. Sus ojos críticos, su sensibilidad y su paciencia han sido fundamentales para dar forma final a estas páginas.

Gràcies de tot cor a Ximo, per veure en mi allò que jo encara no sabia veure.

A la Comunidad Soto Zen Camino Medio, tierra fértil donde la confianza en la Naturaleza Original sigue floreciendo.

Que esta semilla de práctica y de confianza encuentre su camino hacia todos los corazones que la necesiten.

Prefacio

Este libro nace del deseo de acercar uno de los textos más esenciales de la tradición Chan —el Xìn Xīn Míng, el Tratado sobre la Confianza en la Naturaleza Original—  a quienes buscan vivir la práctica del Zen de manera sencilla, directa y profunda.

No escribo estas palabras como un erudito, ni como un experto. Escribo como un compañero de camino y con el deseo de mantener viva la llama de la transmisión recibida a través de mi maestro Dokushō Villalba roshi, y de todos los maestros y maestras de nuestra tradición. Mi intención no ha sido ofrecer una interpretación académica ni exhaustiva, sino una lectura vivida, que pueda resonar en la experiencia cotidiana de quien se acerque a estas páginas con el corazón abierto.

El Xìn Xīn Míng ha sido una presencia constante en mi vida desde que empecé a estudiarlo hace cinco años. He estudiado el texto basándome en la traducción y comentarios de Taisen Deshimaru roshi —maestro de mi maestro—  publicada bajo el título Poema de la Fe en el Espíritu, enraizada a su vez en las enseñanzas de Kodo Sawaki y los comentarios de Keizan Jokin. También me he apoyado en la traducción directa del chino realizada por Dokushō Villalba roshi, recogida en su libro Canto al Corazón de la Confianza, cuya claridad y profundidad han sido una guía indispensable.

En este libro, cada verso y su comentario han sido escritos de forma independiente, de modo que se pueda abrir por cualquier página y encontrar en cada lectura un espejo vivo que dialogue con la experiencia personal de cada momento. No es necesario seguir un orden lineal: cada verso es una puerta abierta a la confianza en la naturaleza original.

Las siguientes palabras de Dogen Zenji, en el Shobogenzo Zuimonki, me han alentado para compartir mis reflexiones en este libro:

No hace falta escribir poesía para expresar lo que se siente con el corazón. No hace falta ser un literato para escribir sobre el Dharma. Si queréis escribir textos sobre el Dharma, no tratéis de escribir de acuerdo con las reglas de la literatura ni de la retórica, no penséis en las rimas ni en ningún otro fenómeno lingüístico. Dejad que el lenguaje y el estilo se desarrollen por ellos mismos. Lo único importante es escribir detalladamente la verdad que queréis expresar.

Este trabajo recoge las reflexiones que empecé a compartir en la primavera de 2021 a través de mi página web daizansoriano.com, ahora reunidas aquí con el propósito de ponerlas al servicio de los practicantes de la Comunidad Soto Zen Camino Medio (CSZCM) y de todas las personas interesadas en el budismo Soto Zen.

Como acompañamiento a este libro, he desarrollado también un temporizador de meditación disponible en la página www.caminomedio.org, que ofrece, al finalizar cada sesión de zazen, un verso del Xìn Xīn Míng junto a su comentario como inspiración para la práctica cotidiana.

Nota sobre la ortografía de términos de otras lenguas.

A lo largo de este libro he optado por no utilizar acentos ni signos diacríticos (como macrones, tildes o puntos debajo) en las palabras procedentes del japonés, sánscrito, pali u otras lenguas asiáticas. Esta decisión no responde a una falta de respeto por la riqueza lingüística de esas tradiciones, sino a una elección deliberada en favor de la claridad, la legibilidad y la accesibilidad.

En primer lugar, el uso riguroso de los signos diacríticos requiere familiaridad con normas de transliteración específicas. Sin embargo, muchas personas que se acercan al budismo no están familiarizadas con estas convenciones, lo que puede dificultar la lectura fluida o incluso crear una sensación de distancia respecto al contenido.

En segundo lugar, el uso de estos signos a menudo introduce inconsistencias cuando los textos se consultan en línea, se buscan en catálogos o se comparten en redes digitales, ya que no todos los dispositivos o plataformas reconocen correctamente los caracteres con diacríticos. Esto puede complicar la búsqueda o incluso generar errores de interpretación.

Por estas razones, he preferido escribir los términos tal como suelen aparecer en contextos de práctica o estudio cotidianos: zazen, koan, sutra, shunyata, dharma, etc., sin signos diacríticos. Esta decisión busca favorecer la fluidez de lectura y mantener una cercanía con la experiencia viva de la práctica, más allá del rigor académico o filológico.

He hecho una única excepción con el subtítulo y eje central del libro: Xìn Xīn Míng. En este caso concreto, he conservado los tonos del chino pinyin, no por una pretensión académica, sino para honrar la singularidad del texto y subrayar que se trata de un nombre propio con un profundo significado.

Que este trabajo sea para el bien de todos los seres.

Daizan Soriano

Primavera de 2025

Introducción

El Xìn Xīn Míng (信心銘), que traduzco en esta versión como Tratado sobre la Confianza en la Naturaleza Original, es uno de los textos más antiguos y significativos dentro de la tradición del budismo Chan (Zen en japonés). Atribuido tradicionalmente al Tercer Patriarca Chan, el maestro Jianzhi Sengcan (Kanchi Sōsan en japonés), este poema breve pero inmensamente profundo condensa la esencia del despertar en un lenguaje sencillo y directo, libre de las elaboradas construcciones filosóficas que caracterizaban otras corrientes budistas de su época.

He optado por traducir Xìn Xīn Míng como Tratado sobre la Confianza en la Naturaleza Original, aunque en un principio consideré la opción más literal de «Tratado sobre la Confianza en la Mente Original». Sin embargo, considero que esta última formulación podría inducir a error, ya que podría interpretarse como si se tratara de alcanzar una mente más pura, más clara o más despierta. No estamos ante la descripción de una mente ideal ni de una conciencia especial. Lo que Sengcan nos señala es la realidad de lo que somos antes de las divisiones, antes de los nombres, antes de las condiciones. Esa dimensión que no requiere ser fabricada porque ya está aquí, esa naturaleza que, aunque carente de forma, lo abarca todo.

La fuerza del Xìn Xīn Míng reside en su capacidad de señalar directamente la no-dualidad de la existencia, la unidad intrínseca entre mente y fenómenos, entre quien percibe y lo percibido. No se trata de un texto para ser analizado intelectualmente, sino para ser leído, asimilado y vivido desde la experiencia directa.

Contexto histórico

Jianzhi Sengcan vivió en una época de gran agitación en China, marcada por persecuciones religiosas y cambios políticos. Aunque los datos históricos sobre su vida son escasos, la tradición sostiene que fue discípulo de Dazu Huike, el Segundo Patriarca Chan, y que recibió la transmisión del Dharma en circunstancias difíciles, en un clima donde el budismo era objeto de restricciones y censura.

Su enseñanza destaca por su simplicidad y su enfoque en la confianza profunda en la naturaleza original de la mente, sin apoyarse en rituales o doctrinas complejas. Sengcan encarna así la esencia de la enseñanza Chan: soltar los apegos intelectuales y confiar plenamente en la sabiduría que ya está presente en cada instante.

Significado del título

El título del poema puede entenderse como una declaración o canto acerca de la confianza incondicional en la mente original:

  • Xìn (信): significa fe, confianza o convicción, no en un sentido de creencia ciega, sino como una profunda seguridad basada en la experiencia.
  • Xīn (心): alude al corazón y a la mente como una única realidad, que en la tradición Chan se concibe como no-dual y no fragmentada.
  • Míng (銘): hace referencia a una inscripción o tratado solemne, indicando que el contenido del texto está destinado a ser recordado y contemplado.

Así, el Xìn Xīn Míng podría interpretarse como un recordatorio perenne de la confianza en la naturaleza original de nuestra existencia.

Temas principales del Xìn Xīn Míng

  • La no-dualidad: Se supera la visión dualista que separa sujeto y objeto, bien y mal, vida y muerte. Todo es visto como una manifestación inseparable del mismo principio.
  • La confianza en la naturaleza original: El despertar no se encuentra fuera; es la confianza en la naturaleza original tal como es, sin añadidos, sin modificaciones.
  • La ausencia de esfuerzo: El poema enseña que la iluminación no es una meta a alcanzar con esfuerzo, sino el resultado natural de dejar de buscar y descansar en la realidad tal como es.

La relación con el taoísmo

La profunda influencia del taoísmo filosófico en el Xìn Xīn Míng es evidente en su lenguaje y enfoque. Ambas tradiciones comparten la valoración de la espontaneidad, el desapego de los conceptos dualistas, y el reconocimiento del Wu Wei (無為) —la acción sin esfuerzo artificioso—  como un modo de vida en armonía con el flujo natural de la existencia.

Entre los paralelismos con el Tao Te Ching destacan:

  • La fluidez y el no-apego: adaptarse a las circunstancias sin rigidez.
  • La trascendencia de las oposiciones: ir más allá de los pares de contrarios.
  • El valor del vacío: reconocer que el vacío no es carencia, sino plenitud abierta.
  • La simplicidad natural: vivir sin artificios, en sintonía con la naturaleza profunda de las cosas.

Influencia y legado

Desde sus orígenes, el Xìn Xīn Míng ha sido una fuente de inspiración tanto para estudiosos del budismo como para practicantes. Comentado y transmitido de generación en generación, ha dejado una huella indeleble en figuras clave del budismo zen como Keizan Jokin, Dogen Zenji y numerosos maestros contemporáneos.

El poema sigue siendo un faro luminoso para quienes buscan una vía directa hacia el despertar. Su lenguaje, despojado de artificios, sigue tocando el corazón de la práctica, recordándonos que la naturaleza original está siempre disponible aquí y ahora, y que el verdadero camino consiste simplemente en confiar, soltar y ser.

Sobre la Confianza

La Vía del Zen no es una senda de adquisición, sino de disolución. No buscamos añadir nada, sino descubrir lo que ya está presente en nosotros: nuestra verdadera naturaleza, que es como el cielo abierto, inalterable y vasto.

¿Cómo? Cultivando la confianza en nuestra naturaleza original. Pero no cualquier tipo de confianza, sino una confianza que va más allá de la dualidad entre confianza y desconfianza. Es la misma confianza que permite a un bebé descansar tranquilo en los brazos de su madre, sin cuestionar si será alimentado o protegido. Es la confianza del bambú, que se mece sin resistencia al viento.

La práctica del Zen consiste en deshacer la ilusión del yo que todo lo separa, y en regresar a esta confianza primaria, no-dual. No hay iluminación que conquistar, ni una esencia que alcanzar, porque ya somos lo que buscamos. Sin embargo, existen nieblas que enturbian nuestra visión: nuestras aflicciones emocionales, nuestros patrones rígidos, nuestras creencias rígidas en lo que pensamos que somos.

Nuestra naturaleza original es inseparable de la vida misma. No es algo que se alcanza al final de un arduo proceso, sino que está presente en cada respiración, en cada instante que no resistimos. Para reconocerla, hace falta confiar. Confiar sin garantías. Confiar más allá del yo y lo mío.

El yo, esa estructura psíquica construida sobre creencias cristalizadas, nos hace vivir como entidades aisladas. Nos cuenta una historia en la que debemos luchar, defendernos, ser alguien.

Esta confianza no es una creencia impuesta, ni una esperanza abstracta. Es la resonancia de nuestra naturaleza con la naturaleza del universo. Es una certeza silenciosa de que todo, absolutamente todo, está incluido. Incluso el miedo, la duda, el dolor. «Cuando la mente no construye, los diez mil fenómenos se manifiestan sin error».

El proceso de despertar exige soltar. Y soltar lo que creemos ser, lo que hemos sostenido por años, lo que nos ha definido, es como saltar a un abismo. Este abismo no es otro que la disolución del yo. Y el único puente que puede llevarnos a través de él es la confianza innata.

Esta confianza no se puede fabricar. Solo puede ser reconocida. Está siempre presente como un susurro de fondo en nuestras vidas. La sentimos cuando nos entregamos sin reservas. Cuando nos sentamos en zazen sin buscar nada. Cuando amamos sin exigir. Cuando respiramos sin controlar. Es la presencia silenciosa que nos recuerda que no hay nada que temer, porque ya somos inseparables del todo.

En nuestra tradición esta confianza nace de la práctica y la experiencia directa. No es una fe ciega, sino una apertura lúcida. Esta confianza crece cuando dejamos de aferrarnos. Cuando experimentamos que no hay nada fuera de lugar. Que cada día es un buen día. Y que incluso lo que no comprendemos tiene su lugar en la danza del universo.

El Xìn Xīn Míng afirma: «Si aparece la más mínima diferencia, cielo y tierra quedan separados por un abismo». ¿Cuál es esta diferencia? Es la diferencia entre actuar desde el yo o desde la confianza. Desde la separación o desde la unidad. La confianza es el corazón de esta unidad.

No es una emoción. No es una idea. Es un saber visceral. Un saber que no necesita ser dicho. Quienes viven desde esta confianza parecen tener una calma imperturbable. No porque todo les salga bien, sino porque han comprendido que todo forma parte del despertar. Han dejado de luchar con lo que es.

Esta confianza serena permite morir al yo. Y en esa muerte, la vida se revela en su plenitud. Dejar que la práctica nos transforme sin controlar el proceso, sin empujar ni evitar, es abrirnos a esta verdad: que la naturaleza es buena, que el universo nos sostiene, que no hay nada que temer.

La confianza no necesita condiciones. No depende del éxito, del reconocimiento ni de la seguridad. Es anterior a todo eso. Por eso, cuando estamos en contacto con ella, podemos descansar. No como quien se rinde por agotamiento, sino como quien ha regresado a casa.

En la práctica cotidiana, la confianza se manifiesta en la sencillez. Comer cuando tenemos hambre, descansar cuando estamos cansados, decir sí cuando es sí y no cuando es no. Se manifiesta en no fragmentarnos. En dejar de luchar con nuestra propia naturaleza, con lo que realmente somos.

Cuando estamos desconectados de esta confianza, todo parece amenazante. Nuestra mente no se detiene. Evaluamos, comparamos, planificamos. Incluso nuestras prácticas espirituales se contaminan de autoexigencia y comparación. Pero cuando la confianza brota, ya no necesitamos empujar. Podemos simplemente estar.

El Zen no es una vía de esfuerzo ansioso, sino de entrega. Cortamos leña, acarreamos agua. Sentarse es iluminación. Vivir es la Vía. Confiar es despertar.

La confianza se cultiva cuando nos rendimos al silencio. Cuando dejamos de buscar respuestas y empezamos a escuchar. Cuando descansamos en la presencia. Entonces, incluso si el miedo aparece, no nos controla. Incluso si hay dolor, no nos separa. Incluso si la mente no comprende, el corazón sabe.

Este saber no es conceptual. Es la transparencia de la mente cuando está vacía. Es el corazón sin miedo. Es el lugar donde cesan las palabras y el tiempo desaparece.

El Xìn Xīn Míng no es un tratado filosófico. Nos anima a cultivar una actitud de confianza, a soltar la mente dividida y regresar al hogar. Y ese hogar no está en ninguna parte. Es lo que somos.

Confianza es saber que basta con ser. Confiar en que estamos sostenidos. Confiar en que la vida se despliega sin error. Y cuando confiamos así, la práctica deja de ser un esfuerzo y se convierte en un acto de amor.

«El objeto depende del sujeto, el sujeto depende del objeto. Sujeto y objeto se originan mutuamente». En esta visión no-dual, no hay separación. Y en esa no-separación florece la confianza.

La confianza es el pulso de la naturaleza original. Y cuando conectamos con ella, cada paso es el camino y cada día, sin excepción, es un buen día.

Sobre la Naturaleza Original

La comprensión y la experiencia de la naturaleza original son un aspecto esencial en la práctica del budismo Soto Zen. No se trata de un concepto abstracto ni de una entidad mística escondida, sino de una forma directa de experimentar lo que somos cuando dejamos de identificarnos con los contenidos mentales, emocionales o sensoriales. La naturaleza original no es algo que debamos alcanzar, sino algo que podemos reconocer cuando se detiene la actividad compulsiva del yo y lo mío.

En la enseñanza contenida en el Xìn Xīn Míng, esta confianza en la naturaleza original se presenta como punto de partida y de llegada. Confiar en la naturaleza original significa abrirnos a la experiencia que está presente antes de cualquier elaboración conceptual. No es algo que se construya, no es una acción que parte del yo condicionado, simplemente se revela cuando cesa la interferencia del juicio, la comparación y la voluntad de control.

Podemos entender la naturaleza original como una presencia inalterada, que se manifiesta con cualidades esenciales como claridad, estabilidad, calidez, apertura y comprensión. Estas no son cualidades que haya que adquirir, sino aspectos de la realidad que se expresan cuando el yo condicionado no los distorsiona. La mayoría de las personas vivimos alejadas de esta dimensión porque nuestra atención está atrapada en la autoimagen ilusoria del yo.

Esa autoimagen es necesaria para movernos en el mundo convencional, pero se convierte en una prisión cuando tomamos esa imagen adquirida como nuestra identidad auténtica. Desde esa identificación, buscamos validación, seguridad, sentido… pero lo hacemos desde la premisa equivocada de que algo nos falta. La práctica meditativa, en este sentido, no tiene como fin mejorar ese yo, sino desmontar progresivamente su pretensión de ser el centro de nuestra vida. No se trata de eliminar el yo, sino de desactivar su poder de control y manipulación. Esto no implica que el yo desaparezca, sino que deja de ser la referencia central de nuestra existencia. Comenzamos a ver que el yo es solo una parte de la experiencia, no la totalidad. Y cuando esto ocurre, la vida se vuelve más fluida y menos conflictiva. La confianza en la naturaleza original comienza a florecer, y la vida se despliega con una belleza y una sencillez que antes nos resultaban ajenas.

Este proceso requiere un trabajo cuidadoso y paciente, en el que se va disolviendo la confusión entre lo que somos y lo que creemos ser. No basta con soltar conceptos: es necesario también deshacer las estructuras emocionales y somáticas que los sostienen. Lo que queda, cuando eso ocurre, no es un vacío sin forma ni dirección, sino una presencia lúcida que sostiene la vida con naturalidad. Esa presencia es nuestra naturaleza original.

Cuando esta comprensión se vuelve experiencial, cesa la lucha interior. Ya no es necesario buscar fuera lo que ya está aquí. Lo esencial no es un logro, sino una condición previa que ha sido ignorada. Reconocerla no significa rechazar la personalidad, sino situarla en un lugar funcional, sin otorgarle el mando de nuestra vida. La naturaleza original no se opone al yo, pero lo trasciende. No niega el mundo, pero lo atraviesa desde otra raíz.

La confianza en la naturaleza original, tal como aparece en el Xìn Xīn Míng, no es una actitud voluntarista ni un acto de fe ciega. Es un asentamiento progresivo en una dimensión que no necesita sostener ninguna imagen. Es una confianza que brota cuando se ha comprobado, una y otra vez, que la base de nuestra experiencia no está en la mente dividida ni en el yo reactivo, sino en una presencia estable, silenciosa y completa, que no requiere adornos.

Este libro se apoya en esa premisa. La práctica no se orienta aquí a añadir contenidos espirituales a una identidad ya saturada, sino a despejar el camino para que lo esencial se manifieste por sí solo. La meditación, el estudio y la acción compasiva no se conciben como herramientas de mejora personal, sino como modos de restablecer el contacto con lo que nunca dejó de estar presente.

Hablar de la naturaleza original es, por tanto, hablar de una realidad inmediata, aunque a menudo inadvertida. Lo que se propone es aprender a reconocerla, a confiar en ella y a dejar que se exprese sin las interferencias del rechazo, el apego y la indiferencia. A medida que esa confianza crece, se vuelve innecesario cualquier intento de perfección personal: lo que somos ya contiene, en su desnudez, todo lo necesario para vivir con honestidad, dignidad y libertad.