52. Cuando el movimiento cesa, surge la inmovilidad

Versos [1]De la obra Xìn Xīn Míng Canto al Corazón de la Confianza,
del tercer ancestro chan Jianzhi Sengcan.
Traducción y comentarios de Dokushô Villalba.
Ediciones i, 2008.

止 動 無 動

動 止 無 止

Cuando el movimiento cesa, surge la inmovilidad.

Cuando la inmovilidad se mueve, aparece el movimiento.

Comentario.

El movimiento y la quietud son dos conceptos que parecen opuestos, pero que en realidad están profundamente interconectados. En la práctica de zazen, la meditación zen, encontramos que la quietud no es la ausencia de movimiento, sino una profunda calma y serenidad que surge cuando la mente se aquieta.

A través de la práctica continuada de zazen, las fluctuaciones de la mente y del mundo se van calmando, permitiéndonos percibir con mayor claridad y conectarnos con nuestra auténtica naturaleza. Esta quietud interna no es estática, sino que está repleta de un potencial latente, una energía que puede manifestarse en movimiento en cualquier momento de nuestra vida cotidiana.

Es como el fondo del océano, que permanece inmóvil a pesar del movimiento superficial de las olas. Desde esta quietud profunda, el bodhisattva, el ser humano despierto, despliega su compasión y sabiduría en el mundo.

Al contemplar el paisaje a través de la ventanilla en un viaje, podemos preguntarnos: ¿qué se mueve realmente, el paisaje o nosotros? Esta pregunta nos ayuda a comprender que nuestra percepción de la realidad está condicionada. Movimiento y quietud son las dos caras de una misma moneda, y la experiencia de uno u otro depende de nuestra perspectiva.

La práctica de zazen nos ayuda a cultivar una mente más serena y clara, permitiéndonos percibir la realidad con mayor profundidad. Desde esta quietud interna, podemos desplegar nuestro potencial y actuar con compasión y sabiduría en la vida cotidiana.

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1 De la obra Xìn Xīn Míng Canto al Corazón de la Confianza,
del tercer ancestro chan Jianzhi Sengcan.
Traducción y comentarios de Dokushô Villalba.
Ediciones i, 2008.

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