57. No hay nada que no fluya

En la tradición Zen utilizamos una metáfora, la del agua clara. Imagina un recipiente lleno de agua fangosa, donde el cieno ensucia su transparencia. El acto de dejar reposar este cieno nos conduce a experimentar la pureza y claridad del agua.

Pero, ¿qué sucede cuando el agua queda completamente limpia? Al eliminar todo rastro de impureza, ya no hay nada con que compararla. No podemos decir «el agua está más limpia que la de ayer» si ya no hay cieno. La claridad del agua se vuelve absoluta, perfecta en su sencillez.

56. Cuando las dudas se agotan y se clarifican

En la tradición Zen utilizamos una metáfora, la del agua clara. Imagina un recipiente lleno de agua fangosa, donde el cieno ensucia su transparencia. El acto de dejar reposar este cieno nos conduce a experimentar la pureza y claridad del agua.

Pero, ¿qué sucede cuando el agua queda completamente limpia? Al eliminar todo rastro de impureza, ya no hay nada con que compararla. No podemos decir «el agua está más limpia que la de ayer» si ya no hay cieno. La claridad del agua se vuelve absoluta, perfecta en su sencillez.

55. Cuando la mente se unifica consigo misma

Al sumergirnos en la profundidad de nuestra propia conciencia a través de la práctica de la meditación Zen, de mantener nuestro objeto primario de atención presente instante tras instante, «la mente naturalmente se unifica consigo misma», es en este estado donde realizamos la verdad que hay más allá de nuestra ilusión de separación. Naturalmente, la mente se silencia revelando la unidad esencial de todas las cosas.

54. Aunque se investigue hasta el final del límite último

La sabiduría no se limita a la acumulación de conocimiento, sino que es un camino de autodescubrimiento y transformación. A diferencia de la tradición occidental, donde la figura del santo se erige en modelo a seguir, el budismo ensalza la figura del sabio, aquel que se embarca en una búsqueda incansable de la verdad. Sin embargo, este camino no está exento de peligros, uno de los cuales es la obsesión por alcanzar el «límite último» de la comprensión.

53. Aunque ambos no pueden coexistir

Si dos cosas no pueden coexistir, ¿cómo puede una depender de la otra? En el mundo que nos rodea, experimentamos continuamente la atracción y el rechazo hacia los opuestos: luz y oscuridad, alegría y tristeza, movimiento y quietud. Estos pares de opuestos no son independientes, sino que se definen y dependen el uno del otro.

52. Cuando el movimiento cesa, surge la inmovilidad

El movimiento y la quietud son dos conceptos que parecen opuestos, pero que en realidad están profundamente interconectados. En la práctica de zazen, la meditación zen, encontramos que la quietud no es la ausencia de movimiento, sino una profunda calma y serenidad que surge cuando la mente se aquieta.

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