60. En la realidad tal y como es, no hay ni yo ni otro.

En la tradición Zen utilizamos una metáfora, la del agua clara. Imagina un recipiente lleno de agua fangosa, donde el cieno ensucia su transparencia. El acto de dejar reposar este cieno nos conduce a experimentar la pureza y claridad del agua.

Pero, ¿qué sucede cuando el agua queda completamente limpia? Al eliminar todo rastro de impureza, ya no hay nada con que compararla. No podemos decir «el agua está más limpia que la de ayer» si ya no hay cieno. La claridad del agua se vuelve absoluta, perfecta en su sencillez.

59. El sabio mora en el no pensamiento

En la tradición Zen utilizamos una metáfora, la del agua clara. Imagina un recipiente lleno de agua fangosa, donde el cieno ensucia su transparencia. El acto de dejar reposar este cieno nos conduce a experimentar la pureza y claridad del agua.

Pero, ¿qué sucede cuando el agua queda completamente limpia? Al eliminar todo rastro de impureza, ya no hay nada con que compararla. No podemos decir «el agua está más limpia que la de ayer» si ya no hay cieno. La claridad del agua se vuelve absoluta, perfecta en su sencillez.

58. El vacío radiante se ilumina a sí mismo

En la tradición Zen utilizamos una metáfora, la del agua clara. Imagina un recipiente lleno de agua fangosa, donde el cieno ensucia su transparencia. El acto de dejar reposar este cieno nos conduce a experimentar la pureza y claridad del agua.

Pero, ¿qué sucede cuando el agua queda completamente limpia? Al eliminar todo rastro de impureza, ya no hay nada con que compararla. No podemos decir «el agua está más limpia que la de ayer» si ya no hay cieno. La claridad del agua se vuelve absoluta, perfecta en su sencillez.

57. No hay nada que no fluya

En la tradición Zen utilizamos una metáfora, la del agua clara. Imagina un recipiente lleno de agua fangosa, donde el cieno ensucia su transparencia. El acto de dejar reposar este cieno nos conduce a experimentar la pureza y claridad del agua.

Pero, ¿qué sucede cuando el agua queda completamente limpia? Al eliminar todo rastro de impureza, ya no hay nada con que compararla. No podemos decir «el agua está más limpia que la de ayer» si ya no hay cieno. La claridad del agua se vuelve absoluta, perfecta en su sencillez.

56. Cuando las dudas se agotan y se clarifican

En la tradición Zen utilizamos una metáfora, la del agua clara. Imagina un recipiente lleno de agua fangosa, donde el cieno ensucia su transparencia. El acto de dejar reposar este cieno nos conduce a experimentar la pureza y claridad del agua.

Pero, ¿qué sucede cuando el agua queda completamente limpia? Al eliminar todo rastro de impureza, ya no hay nada con que compararla. No podemos decir «el agua está más limpia que la de ayer» si ya no hay cieno. La claridad del agua se vuelve absoluta, perfecta en su sencillez.

55. Cuando la mente se unifica consigo misma

Al sumergirnos en la profundidad de nuestra propia conciencia a través de la práctica de la meditación Zen, de mantener nuestro objeto primario de atención presente instante tras instante, «la mente naturalmente se unifica consigo misma», es en este estado donde realizamos la verdad que hay más allá de nuestra ilusión de separación. Naturalmente, la mente se silencia revelando la unidad esencial de todas las cosas.

19 + 11 =